Decisiones

Haciendo limpieza en los archivos de mi ordenador, me he cruzado con algunos de los posts que escribí cuando cree mi blog de mommy4real, hace ya unos 6 años. Muchos de esos textos están claramente relacionados con mi situación reciente, y he pensado que sería genial compartirlos de nuevo.

Y así es como comienzo, con un post que habla sobre dar el pecho y ese sentimiento maternal de no saber si estás o no haciendo lo correcto o de si lo que haces es suficiente.

Antes de tener a mi hijo mayor, siempre pensé que darle leche en polvo no sería una opción.

Todo el mundo solía decirme que dar el pecho era la mejor decisión, la más sana y además, la más barata, y si somos honestos, en las películas parece tan bonito y tan fácil, que era impensable no conseguirlo.

Pues bien, tras dar a luz a mi niño, lo intenté enormemente. Digo lo intenté, porque nunca llegué a conseguirlo.

Nunca nadie me había dicho que podía llegar un punto en el que los pezones te sangraran, en el que tuvieras mastitis hasta marearte, pudiendo caer redonda del dolor o se te tensara el cuerpo entero al saber que se acercaba el momento de amamantar. Y así me pasó.

Lo intenté con todas mis ganas durante unas semanas, quería conseguir esa conexión tan bonita con mi niño, pero no podía, no estaba hecho para mi, ni para en aquel momento, mi pequeño. El bebé no conseguía la leche suficiente y por ende, lloraba como un loco por las noches. Además, durante el día se despertaba muy a menudo, siempre inquieto porque nunca parecía estar satisfecho.

Después de varias semanas intentándolo, y llorando cada vez que se acercaba la hora de dar de mamar, decidí que era hora de comprar un sacaleches (porque obviamente, la leche en polvo seguía sin ser una opción dentro de las posibilidades… y es que, ¿cómo iba a darle esa leche a mi hijo pudiendo darle lo que mi cuerpo, naturalmente estaba generando?, ¿Qué clase de mala madre iba a ser?)

Así, compré uno.

Al principio, mi bebé comía cada 2 horas, lo que significaba que tenía que sacarme la leche durante unos 30 minutos, darle de comer durante otros 30, cambiarle el pañal y ponerle a dormir. Al final todo eso me llevaba 2 horas en total.

Por lo que, si haces las cuentas… comía cada 2 horas y a mí todo me llevaba 2 horas… Básicamente, era demasiado tiempo, lo que me dejaba sin tiempo para poder comer yo, para darme una ducha, para limpiar, o simplemente, para sentarme a relajarme.

En un principio, y por cabezonería, lo pude sobrellevar, pero en cuanto ese subidón de la motivación bajó y la falta de horas de sueño y malcomer hicieron mella, tuve que plantearme otra solución.

Todas las matronas que venían a casa a chequear que el bebé estuviera bien, me preguntaban si iba a volver a dar el pecho y me invitaban a seguir intentándolo.

Pero en mi caso, no parecía una opción factible.

Tras ir al médico para revisar que mi recuperación del parto iba bien, y llorar en la consulta de impotencia, me recomendó que me tomara una pastilla para dejar de producir leche.

La compré y pensé ¨Voy a esperar todo lo que pueda antes de rendirme y abandonar la opción de sacarme leche¨

Esa tarde le di muchas vueltas a todos los pros y y a todos los contras, y tras hablarlo con la almohada aquella noche, al día siguiente tomé la gran decisión.

Me tomé la pastilla y le di a mi bebé leche en polvo por primera vez. La sensación fue horrible, pensé que era la peor madre del mundo y que no estaba haciendo lo necesario por el bien de mi hijo, por su salud… y que si se ponía malito, sería mi culpa.

Al segundo día, la sensación seguía siendo mala, pero no tanto, y cada día iba mejorando, llegando a tal punto en el que me sentía genial conmigo misma y feliz por ver a mi peque satisfecho cada vez que comía.

Con esto no quiero decir que ninguna de las dos opciones sea la correcta, lo único que quiero, es compartir mi experiencia y gritarle al mundo, que da igual lo que otras madres estén haciendo, tú tienes y debes hacer lo que mejor te funcione a ti y a tú bebé. Estar bien tú para poder cuidar de tu pequeño, es esencial, tanto dando el pecho, como biberones de fórmula.

Más tarde empecé a hablar con otra gente, con otras mamás. Algunas habían dado el pecho 6 meses, otras 12 y algunas ni 1 día, y me di cuenta que yo era la mejor madre que podía ser. Le estaba dando a mi hijo la mejor opción para los dos. La mejor opción para él, porque tenía suficiente alimento cada vez que lo necesitaba, y la mejor opción para mí, porque en mi caso, dar el pecho me estaba destrozando y haciéndome infeliz, por lo que la leche en polvo era el mejor camino a tomar para estar sana mentalmente y disfrutar de mi pequeño hombrecito.

Hace casi 3 meses tuve mellizos y la misma sensación pasó por mi mente y recorrió mi cuerpo.

Intenté darles el pecho y no lo conseguí, incluso con ayuda de alguna matrona y viendo vídeos.

Así que volví a la segunda opción: el sacaleches. En este caso, era más complicado que en la primera ocasión, pues siendo dos bebés, necesitaba más tiempo y necesitaba producir más.

Admito que esta vez, no he podido aguantar mucho, ni mental, ni físicamente.

Mi marido, que es mi gran apoyo incondicional, fue el primero en pensar en mi, sabiendo con certeza, que con la situación que teníamos, la solución más factible y beneficiosa para todos, era la leche de fórmula.

Por ello, en su momento, hace 6 años, quise escribir este post, y por eso, hoy, me ha parecido buen momento para compartirlo de nuevo, porque quería decirle a todas esas futuras mamás, que no se preocupen.

Lo vais a hacer genial y encontraréis el camino correcto para vosotras y vuestr@ pequeñ@.

Simplemente no olvidéis, que cada bebé es diferente y también lo es cada madre.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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