En uno de mis últimos viajes relámpago a Brisbane, quedé con una buena amiga, que tiene una peque un poquito más pequeña que mi hijo.
Recuerdo que terminamos hablando de los primeros meses en los que nuestros pequeños eran recién nacidos y en los que teníamos que alimentarles cada dos horas.
No nos quedó alternativa, que reírnos a carcajadas, porque las dos coincidimos en que gran parte del tiempo, lo teníamos que hacer todo con una mano.
Es cierto que al principio pasas mucho tiempo con tu pequeño, abrazándole, dándole el pecho o el biberón, meciéndole para que duerma… y por ello, más que un bebé, hay ocasiones en las es, una extensión de tu propio cuerpo.
Hubo una ocasión, que en la baja de maternidad por mi primer bebé, decidí ir sola a desayunar. Si no recuerdo mal, me pedí un zumo, un café y un desayuno súper completo, de esos tipo americanos…
¡ERROR!
Sin problema, me tomé aquel zumo que me supo a gloria, luego el café calentito, pero cuando llegó el momento de hincarle el diente a la comida…
¡MADRE MÍA! El peque se despertó, porque le tocaba comer más pronto que tarde, y no me pidió el biberón tranquilamente y en un tono bajo, no, me lo pidió como él únicamente sabía hacer: llorando.
Y pensarás, haber ido a desayunar antes, para no hacerlo coincidir con la toma. Créeme, si no hubiese tenido que cambiarle el pañal, vestirme yo, algo decentemente y llegar al sitio en cuestión, lo habría hecho…
Pues bien, con el peque encima de mí, porque estaba algo nervioso porque ya tenía hambre, empecé a intentar comerme ese sabroso desayuno.
Pero no parecía mejorar el panorama, sino todo lo contrario. Mi pequeño ya tenía más hambre y decidió hacérmelo saber a través de un notorio llanto más fuerte que el inicial. Bueno, hacérmelo saber a mi, y al resto de personas en aquella cafetería.
Decidí prepararle el biberón y apañármelas para darle de comer y comer yo a la vez, antes de que aquel revuelto de tortilla se convirtiese en fósil.
Sin duda, una escena digna de ver.
De hecho, al lado de mi mesa, había un hombre sentado mirándome con cara de admiración, asombro y empatía a la vez.
Relacionado con el tema comida, también tengo muy buenos recuerdos de los que eran, por aquel entonces, mis vecinos. Ellos ya habían tenido un niño y tenían a otro en camino.
Como sabían lo que era cuidar de un bebé y olvidarse de uno mismo, muchas tardes me pasaban tuppers de comida por el jardín. Sigo agradeciéndoles ese detalle que a mí, me daba la vida.
Por ello, cuando una futura mamá me pregunta por algún consejo, siempre recomiendo que antes de tener al bebé, aproveche a congelar comidas ricas en porciones, para poder tenerlas a mano cuando venga el pequeñín.
Además, otra gran idea es tener ̈snacks ̈ sanos y que te llenen de energía, como verduras, frutas y frutos secos, que son una genial opción, evitando malcomer (lo digo por experiencia)
Así que para todas las mamis alrededor del mundo, manteneos sanas y llenas de energía para poder lidiar con esas noches de poco dormir y días hablando con voces de niños de villancicos.
Y recordad siempre…
¡LO ESTÁIS HACIENDO GENIAL!
Lola Loves
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