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Imposible hablar de Cádiz sin sentimientos involucrados.

Mi marido es gaditano, y antes de visitar su tierra, ya tenía la sensación de conocerla como si hubiese venido ciento y una veces.

En mi primera visita, intenté venir sin expectativa alguna, pero no ayudaba en absoluto cuando todo el mundo me decía lo bonita que era la ciudad, sus pueblecitos blancos y sus playas cristalinas.

Así que llegué aquí con las expectativas por las nubes y con muchas ganas.

Y he de admitir, que no me decepcionó.

Volví enamorada.

Puedo decir que he recorrido prácticamente todas las calles de la ciudad, con sus suelos empedrados, sus placitas que emergen de la nada, y sus edificios antiguos con esa personalidad única.

No sabría decir cuántas veces he andado el paseo de la playa que va desde casa de mi marido hasta el mismo casco antiguo. Lo hemos caminado con lluvia, con una ola de calor, con viento de levante y con viento de poniente, de noche, embarazada, con los 3 niños y como una pareja de novios que van de la mano.

Y cada una de la veces, he descubierto algún nuevo secreto, una puesta de sol única o un beso romántico a la orilla de un mar en calma.

Algo que me llamó mucho la atención de su gente y, que sería estupendo extender como práctica obligatoria por toda España, es que todas las personas paseando perritos, llevan botellas con agua y jabón o lejía, para mantener las calles lo más limpias posible.

¡Bravo por los gaditanos!

Más cositas interesantes que me gustaría compartir contigo.

Lo que te voy a enseñar ahora, es algo que tampoco he visto en ninguna otra parte, pero me encanta. Me encanta que haya gente buena, intentando cambiar el mundo con sus acciones.
Sin duda, algo bonito y que merece mención.

Este cartelito es un ejemplo.
Cádiz está repleto de ellos.
Te animan a no tirar basura en alcantarillas, a no tirar colillas al suelo, a recoger las cacas de los perros… una iniciativa que tiene mucha razón, mucha conciencia y mucho corazón.

Pero a parte de esos bonitos sentimientos, también he podido reír al girar alguna esquina y encontrarme tesoros como la foto que te muestro a continuación.

No podía dejarla en el tintero.

Otra vivencia, que para mí fue “una primera vez”, fue el plan de sillas, pollo empanado, sombrilla y pasar el día entero en la playa. Admito que nunca había disfrutado así de la playa, y aunque llenarme de arena nunca me ha apasionado, el plan me gustó bastante.

La primera vez que mi marido me llevó en estas guisas, recuerdo que llegamos a media mañana. Hacía bastante calor y cero viento, pero según llegó la tarde, se levantó un aire que conseguía hacer que la arena que salía volando de debajo de nuestros pies, nos picase en las piernas al caminar, dejándonos la piel roja.

Mi pobre marido estaba algo frustrado porque esa primera visita fue algo diferente a lo que él me quería mostrar. Pero después de tantos comentarios positivos recibidos por todo el mundo, no tenía más alternativa que darle al día playero, otra oportunidad.
Y creo que estarás de acuerdo, en que mereció la pena en su totalidad.

Otra de las cosas que he aprendido en mis visitas a tierras gaditanas, es todo lo relacionado con las mareas y el viento. Mi marido ha tenido la bendita paciencia de explicarme cada cuánto sube y baja la marea, y la definición de lo que es viento de poniente o viento de levante.

Y aunque tengo familia en Tarragona y por ende, en mis visitas allí he ido muchas veces a la playa, nunca, nunca, nunca, había visto esto…

Y admito que soy FAN NÚMERO UNO.

No concibo, nunca más, una playa sin esta gente, que se tiene el cielo ganado.
Todo el día de un lado al otro, cargando con las neveras llenas de bebida fresquita o de los carritos llenos de patatas y pasa-ratos, haga un calor de justicia o un viento que te mueve hasta el carrito más lleno.
Y todo para que los que estamos disfrutando de un rato de desconexión, podamos seguir haciéndolo.

Son los héroes de los que venimos con niños y hemos olvidado traer algo para merendar y los héroes de los que venimos en pareja y no hemos traído la cervecita fresquita.

Para los que no conocéis cómo funciona esto, unos llevan las bebidas, otros las patatitas y chuches y por las tardes suelen pasar con bollitos y palmeras.
¿Dime que no es para adorarles?

Sin lugar a dudas, son TOP en lo que hacen y no tiene precio su esfuerzo.

Otra bonita tradición que he podido vivir en mis viajes aquí, han sido las procesiones de Semana Santa. Antes de nada, y para ponerte en situación, no soy una persona a la que se le puede considerar religiosa y aunque he visto procesiones, nunca había vivido unas tan puras en primera persona.

Y me dejaron boquiabierta.
No solamente por lo que se refiere a la procesión en sí y por todo el detalle de cada uno de sus pasos, sino por toda la gente en sus calles, por todas las horas en las que están de pie en una acera estrecha, porque disfrutan del tiempo de espera cenando un bocadillo en un bordillo, mientras charlan con su familia, amigos o alguien que acaban de conocer.

Este mismo año, que vinimos con el mayor de los niños, lo disfrutamos los tres como enanos. Hemos podido deleitar varias procesiones, con las paradas de los pasos delante de nuestros ojos, con esas levantadas rozándonos casi el rostro, escuchando los esfuerzos de todos aquellos que llevan el paso dejándose el alma en ello. Además, hemos empezado una bonita tradición que tienen los más peques, creando una bolita de cera con las gotitas que nos van regalando los penitentes a su paso y hemos comido los dulces típicos de este momento tan mágico del año.

Pero Cádiz tiene, además, rincones como un parquecito muy especial en la ciudad.

El Parque Genovés. Cuando lo visité por primera vez, me encantó, y creo que podría decir que es uno de mis lugares preferidos.
Te lo enseño para que me entiendas.

Dime que no es increíble poder disfrutar de algo así, entre edificios y asfalto.
Sin duda, un pequeño oasis dentro de la ciudad en el que poder desconectar disfrutando de ese bonito sonido del agua fluyendo.

Otra parte que me chifla de esta bonita ciudad, de la que ya me considero parte, es el Barrio de la Viña. Con todas sus terracitas a la vuelta de cada esquina, con ese marisco que te hace querer volver pronto, esos paseos que te refugian del sol en los días más cálidos y esos momentos únicos con un extraño que parece casi familia tocando la guitarra mientras cenas a la luz de la luna y esas pequeñas farolas.

Más cositas que me encantan de Cádiz.
Las carreras de caballos en la Playa de Sanlúcar, con esa bonita puesta de sol de fondo.
Una experiencia que debes vivir si pasas por aquí, aunque sea una única vez en la vida.

La verdad, es que fue mi alma gemela gaditana, la que me propuso escribir sobre Cádiz, y creo que podría contar tantas cosas, que necesitaría más de un post para detallarte todo lo bonito que tiene.

Sin duda, una tierra que no conocía y que me alegra enormemente poder disfrutar. Y aunque este post lo empecé a escribir sentada en una silla, rebozando los pies en la arena mojada en la playa de Santa María, lo he terminado a muchos kilómetros de distancia, sintiendo nostalgia sin saber cuál será el día que volvamos a vernos.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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