Para los que tenéis hijos, (y siempre que seáis medianamente “estándar”), hay que ver lo difícil que es ser padres evitando ser amigos a la vez.
Bueno, por lo menos, para mí lo es.
Tengo claro que quiero lo mejor para mis hijos, pero hay ocasiones en las que me gustaría reírme de esa tontería que están haciendo, y sin embargo, ahí estoy, manteniendo la compostura porque tengo que enseñarle y educarle y hacerle entender que meterse dos lápices por la nariz no está bien (empiezan con un lápiz y terminan metiéndose la caja entera de colores).
Es difícil, porque tienes que conseguir que esos pilares sobre los que se va a formar su personalidad, sean estables y sólidos, pero también necesitas y quieres saber lo que le pasa, cómo se siente, lo que le preocupa y lo que le motiva, casi como si fueras su mejor amigo, pero sin llegar a serlo. Y esa combinación, es muy complicada.
Hay veces que siento que parece que estoy absolutamente todo el día enfadada, riñendo y repitiendo las cosas mil y una veces, pero así recuerdo que eran mis padres conmigo, con mi hermano. Y para ser sinceros, tampoco hemos salido tan mal.
El otro día el mayor de mis peques me dijo “mamá, eres una pesada”
A lo que le contesté: “si esa es la sensación que tienes, es que lo estoy haciendo bien”
Y ahí, me di cuenta de la razón que tenían mis palabras, de que no había mejor prueba de lo que me estoy esforzando, de todo lo que estoy dando de mí, para que esos niños sean su mejor versión que esa simple contestación.
Cierto es, que me encantaría estar haciendo todo el día el tonto con ellos, disfrutando de ir al cine, de comprar gominolas y de no tener que invertir tiempo en enseñarles a hacer las cosas que no nos suelen gustar, como recoger, poner la mesa, lavarnos bien los dientes, no correr de un lado para el otro con comida en la boca, no contestar de malas formas, aprender a terminar las cosas que empezamos… bueno, supongo que te haces a la idea de las cositas a las que me refiero.
Sí, admito que me encantaría que hubiesen días más fáciles y que fueran únicamente de disfrute, pero todavía no ha llegado ese momento.
Cuando sean mayores, buenas personas, luchadoras y responsables, entonces, será entonces cuando me podré tomar una copa de vino con ellos y decirles lo orgullosa que estoy de ellos y como no, de saber lo bien que lo hemos hecho nosotros.
Lola Loves
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