Alicia siempre iba a la misma cafetería. Cada mañana, antes de ir a trabajar acudía a esa pequeña tiendecita. Siempre a la misma hora.
Su pedido nunca cambiaba, era fiel a sus gustos.
¿Para qué pedir otro café? Se decía a sí misma.
Y es que su día no era el mismo si se saltaba ese pequeño placer que conseguía hacerla un poquito más feliz en su sencilla, pero caótica vida.
Era una chica tranquila, delgada y esbelta, con pelo largo, de un color castaño claro, tan liso y tan brillante, que sonseguía despertar las envidias en cualquiera. A eso, había que sumarle sus grandes ojos redondos, de color miel, con unas pestañas tan largas que combinaban con el movimiento de su melena.
Sin duda, de primeras, era una gran belleza a simple vista.
Había conseguido alquilar un pisito pequeño a buen precio dentro de aquella ciudad en la que cualquier movimiento costaba una fortuna. Era poquita cosa, pero para ella bastaba. Tenía un mini salón, que hacía de cocina a su vez, y una habitación separada del baño con un adorable biombo de madera que dejaba pasar la luz entre las lamas.
Sin duda, suficiente para las pocas visitas que recibía.
En su llaves, colgaba un llavero con un Cupido de metal apuntando con su flecha, pues aunque no había tenido suerte en sus relaciones, seguía creyendo que su alma gemela estaría ahí fuera, a punto de cruzarse con ella en cualquier esquina, a punto de encontrar su mirada en cualquier parpadeo.
Había estudiado periodismo con buenas notas, pero no había conseguido aquellas prácticas que la habrían abierto camino en ese mundo profesional tan difícil.
De todos modos, no descartó este trabajo en la recepción de una gran revista, que aunque no era su gran sueño, podría darle la oportunidad dentro de un tiempo si conseguía demostrar su valía, aunque todavía no tenía muy claro cómo iba a hacerlo.
Por allí pasaba todo el mundo a todas horas. Pidiendo mil recados que no aportaban valor alguno a su vida y que a penas le dejaban tiempo para poder escribir algo interesante y compartirlo con alguna de las directoras de departamento.
La revista trataba temas bastante diversos, pero iba enfocada a un nicho de mercado masculino y de edades comprendidas entre 30 y 55 años. Con contenidos como deporte, salud, alimentación, moda y secciones algo más íntimas y personales, Alicia intentaba pensar en algún tema que crease tendencia y que la sacase de detrás de aquella mesa llena de paquetes y notas para otros.
Lo que no sabía, es que su vida estaba a punto de cambiar, ese mismo martes, cuando se saltó su cita con su café mañanero.
Lola Loves
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