Crisis

Una de mis lectoras asiduas me ha sugerido escribir sobre este tema.
Le pregunté directamente, si tenía alguna idea sobre la cual le gustaría leer algo más y me dijo.

La crisis de pareja de los 10 años.

Asombrada, pregunté… ¿pero eso existe?, y, ¿por qué a los diez años?
Acto seguido, no pude evitar la curiosidad que me recorría el cuerpo, y tuve que buscar más cositas sobre este tema.

Lo primero con lo que me topé en internet, fue lo siguiente (cito textualmente).

¿Cuántas crisis hay en una pareja?
Hay cuatro grandes momentos de crisis: la de un año, la de tres años, la de diez años y la del nido.

Cuando leí esto, me quedé perpleja.
¿Cómo es posible que hayan unos tiempos tan escrupulosamente estipulados para las crisis de pareja?
Es cierto que son aproximados y que no se producen justo al cumplir exactamente estos años, pero pensé que era surrealista, al final, cada pareja es un mundo y cada uno es con sus circunstancias.

Pero empecemos por la primera.

La crisis de un año.
Por lo visto, y según he podido investigar, hay un estudio sobre este tema, en el que se confirma que este momento de colpaso en la pareja, se debe a que durante los 365 días anteriores (aproximadamente), hemos idealizado a nuestra pareja y es en este momento, en el que comenzamos a ser conscientes de que no es tan perfect@ como creíamos.


Ay, y es que la oxitocina, a veces nos ciega.


Por ello, como cada miembro de la pareja se empieza a dar cuenta de los defectos del otro y además, se empieza a negociar, de manera inconsciente, los hábitos y costumbres propios, con límites incluidos, se dice que si no hay un vínculo fuerte en este instante, la relación no llega a buen puerto.

Esta explicación me pareció bastante razonable.

Es cierto que en los comienzos, cuando no hay tanta rutina o parece que no hay problemas en el mundo, en general, se suelen dejar pasar esas cosas que más adelante, puede que no nos hagan ni pizca de gracia.
Es decir, puede que si tu pareja roncaba al principio, no te molestase en absoluto, e incluso lo vieses como algo gracioso, pero si pasa el tiempo y además de roncar, te das cuenta de que no es una persona tolerante, involucrada o atenta, puede que ese ronquido se convierta en una taladradora por las noches y cómo no, en una gota más que echar en ese vaso.

Por lo tanto, la idea de esta crisis inicial me parece buena.
Vamos a analizar la de los tres años.

La crisis de los tres años.
Cuando empecé a leer esta teoría, me di cuenta de que no iba desencaminada en lo que la misma defendía. Siempre teniendo en cuenta, que no estamos hablando de relaciones adolescentes, sino de unas edades maduras, en las que seguramente, tengamos ya nuestras ideas y planes futuros bien formados y bastante sólidos.

Esta segunda crisis, habla de formalizar la relación. De dar un siguiente paso, como vivir juntos, casarse o tener descendencia. Está claro, que son temas bastante importantes y que si ambos miembros de la pareja no están en la misma página del libro, haga de este momento, un momento crítico.
En mi opinión personal, vivir con mi pareja es imprescindible. Considero que nunca conoces a alguien al 100% (ni siquiera a uno mismo), pero conviviendo se viven y ven cosas que no compartes cuando solamente quedas el fin de semana. Pero si uno de los dos está preparado para ello y el otro no lo ve claro, puede ser un momento de fricción. En este caso, se puede solucionar de manera más sencilla que si surgen discrepancias en la idea de casarte, o sobretodo, en la idea de tener hijos.

Entiendo que habrá parejas que nunca se casen y aunque uno de los dos siempre lo haya querido, pueda “vivir con ello”, pero querer tener hijos y que tu pareja no comparta ese deseo, no creo que sea tan sencillo dejarlo de lado.

Por todo esto, la segunda crisis la veo lógica y totalmente válida.

Y aquí viene la tercera, la de los diez años.

Hasta aquí, creo que yo me salto las dos primeras. Considero que mi marido y yo conocemos nuestros defectos, y sabemos lo que implican y conllevan, pero todo lo bueno es muchísimo más fuerte en la balanza, por lo que ayudamos al otro a mejorar cada día y reforzamos todas las cosas que son buenas de cada uno.


En cuanto a la segunda, hemos vivido juntos, comprado una casa, casado y tenido hijos. Cierto es que nuestra boda fue algo pequeñito y familiar, y no tanto como una celebración de 200 personas, pero teníamos y seguimos teniendo claras, cuáles son nuestras prioridades como equipo y cuándo (aproximadamente), queremos cumplir cada hito.

La crisis de los diez años.

En esta teoría, se indica que a los diez años es cuando la pareja está centrada en los hijos, surgen confrontaciones por la manera de criarlos y a ello se le suma que, si no has tenido tiempo o ganas de dedicarte a ti mismo, es probable que quieras volver a sentirte sexy y vamos a decirlo claro, volver a tener sexo como cuando os conocisteis.

Este momento puede ser muy delicado si no hay un punto de entendimiento en cuanto al modo de criar a los hijos, es decir, siempre van a haber diferencias, pues no todos somos iguales, pero si son tan sumamente distantes y no hay entendimiento, puede que este simple hecho, rompa la relación.
Si además, le sumamos que puede que no nos sintamos sexies o que queramos un poco más de atención de nuestra pareja y no la tengamos, podría dificultar el salir a flote. Estas situaciones son las que yo consideraría un punto de inflexión, en el que tienes dos salidas: puedes conseguir revivir esa bonita relación o perderla en el olvido para siempre.

Y ahora, terminemos con la última, que no por ello más sencilla.

La crisis del nido vacío.
Entiendo, perfectamente, que haya una crisis denominada del nido. Esta crisis, se refiere a una sensación de pérdida cuando nuestros hijos se van de casa. Esta situación se genera, pues conlleva a una ausencia de nuestros descendientes en el hogar, lo que implica una aceptación y un cambio en nuestro día a día.

Teniendo este concepto presente, pensaba que esta crisis únicamente afectaría a la pareja en el sentido individual, como padre o madre, pero leyendo un poco más, me di cuenta las implicaciones que ella tenía.
Y es que, cuando nuestros hijos se van de casa, no solamente nos dejan ese vacío obvio, sino que hacen que esa pareja que estaba centrada en ellos, vuelva a esa situación inicial, esa situación en la que están los dos, únicamente.

Aquí, se corre el peligro de que haya parejas que sientan que ya no tienen nada en común, o que una relación que sea fuerte, estable, equilibrada, aproveche esa oportunidad para volver a centrar el tiro en ellos y saber cómo disfrutar de cada uno del resto de sus días.

En fin, un tema bastante bueno y que tiene mucha miga.

Y tú, ¿has tenido alguna de estas crisis?, ¿o te has librado de todas ellas?

Lola Loves


Discover more from Love Lola´s blog

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

Leave a comment