Echo la vista atrás y este año 2022 ha tenido un poco de todo.
Con un peque de 6 años y mellizos recién nacidos, comenzamos el año con un mix de emociones. Saliendo del hospital, habiendo dado a luz, literalmente en pelotas, pero con mascarilla por tener covid, se me juntaban sentimientos encontrados en aquella habitación de hospital de la que no pudimos salir, ni entrar nadie en 4 días lluviosos.
Llegamos a casa y empezamos el año con una baja de maternidad/paternidad rara.
Todo era diferente a cómo me lo esperaba. Con un hijo mayor que marcaba mi idea sobre la maternidad, se me vino el mundo encima cuando me di cuenta de que esto sería muy diferente.
Esta vez eran dos bebés y ya había un peque del que tenía que seguir cuidando.
Nada que ver a cuando le tuve a él, pues tenía todo el tiempo del mundo para dedicarle.
Los gorditos empezaron la guarde a los 5 meses y medio, a diferencia del mayor que comezó con 9 meses. Pero es que cuando papá o mamá se tenían que quedar al cuidado de los dos durante una semana completa, la vida no era tan fácil como teníamos pensado, por lo que acudimos a la opción guarde antes de lo pensado, y he de decir, que hemos tenido una suerte tremenda con las personas que forman parte de la misma. Nos dan buenos consejos, nos apoyan cuando nos ven bajitos de energía y quieren a los enanos mucho.
En este año, sigo realizando un trabajo que me gusta, pero que requiere su atención y su presencia física en la oficina, un colegio y las actividades extraescolares correspondientes y la guarde y los virus de este primer año (que son irremediables, a no ser que metas a tu bebé en una cajita de cristal).
Durante estos casi 365 días, han habido días muy duros, muy difíciles.
He llorado, he deseado que el tiempo pasara más deprisa y me he sendito mal por ello.
El otro día mi jefe me dijo algo en lo que tenía mucha razón ¨Qué rápido pasan los años y que despacio pasan los días¨
Puf… ¡Qué palabras más acertadas!
Miro atrás y no me creo que ya haya pasado otro año más, aunque hayan habido días muyyyyy largos y cuestas muy empinadas.
Y es que el tiempo pasa volando, y como hago todas las navidades… hoy quiero dar las gracias.
Porque también hemos tenido días geniales…
Quiero dar las gracias porque tengo un trabajo que me gusta, sigo formando parte de un equipo que hace que ir a la oficina sea tarea fácil y amena (porque a todos nos gustaría poder dedicar nuestros días a hacer cualquier otra cosa que no fuera trabajar y tener dinero en el banco para vivir sin preocupaciones); mis amigas son increíbles, están siempre ahí, aunque este año haya sido más complicado para organizar planes, siempre se adaptan; tengo una suerte tremenda con la familia que ha llegado de la mano de mi marido, buenos, sinceros, considerados y siempre teniendo en cuenta a los demás, todavía no me lo creo (os prometo que he intentado buscarles algún defecto, pero no he encontrado ninguno todavía); mis padres y mi hermano tienen salud y sigo disfrutando de ellos porque tengo la suerte de tenerles cerquita, nos ayudan mucho y la verdad es, que no sé qué haría sin ellos.
Mis hijos son geniales, el mayor está creciendo paso a paso, conociendo sus límites, con sus cositas de niño, pero siendo responsable y bueno, sobre todo bueno. Tiene bonitos valores establecidos y para mi eso es muy importante, porque indican la persona que será, y me gusta lo que veo.
Los dos bebotes han tenido un año bastante bueno (sin contar con las noches, claro, porque no tienen pensado dormir ni una del tirón).
Mi marido, bueno, qué decir… la verdad que mi marido no me ha ayudado este año, sino que mi marido ha hecho todo lo que era suyo también. Tengo la suerte de que mi compañero de vida piensa que los hijos son tanto suyos como míos, así que la vida se torna mucho más fácil en esos momentos complicados y las noches sin dormir, cuando son compartidas y los dos estamos como zombies durante el día, se llevan mejor. Los dos entendemos en qué momento nos encontramos y tenemos el mismo objetivo en la vida.
Quiero dar las gracias, porque tengo la suerte de tener plenos derechos, de poder hablar sin que me encarcelen por decir lo que pienso. Doy las gracias porque tengo comida en mi plato cada día, aunque este último año esté comiendo algo peor. Doy las gracias porque tengo salud y los que me rodean también. Tengo un hogar en el que disfrutar de cada día y al que quiero llegar a toda prisa cada tarde después del trabajo. Tengo una vida llena de alegría, amor, risas y buenos momentos.
Tengo mucha suerte y quiero dar las gracias por la vida que me ha tocado vivir. No cambiaría ni un segundo de sus días, ni un milímietro de cada decisión tomada, ni un pelito de cada un de las personas que la forman.
Gracias por los momentos difíciles, que nos hacen, si cabe, todavía más fuertes.
Y gracias por los momentos buenos, que nos inundan de felicidad y de recuerdos para siempre.
Lola Loves
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