Improvisando (Parte V)

Luis empezaba a volver en sí. Intentó abrir los ojos poco a poco, pero se notaba algo aturdido. Tenía miedo de enfrentarse a la realidad y deseaba que todo hubiese sido un sueño. Anhelaba despertar de aquella horrenda pesadilla y descubrirse en la cama de su pequeño apartamento compartido con otros dos chicos más, en esa ruidosa ciudad de Nueva York.

Poco a poco, cuando la visión borrosa desapareció, pudo ver a Alicia a la perfección.

Estaba sentada ante él. Mirándole con esos ojos marrones redondos y grandes, con una coleta alta y algún que otro pelo suelto que no había podido retener con el coletero. Tenía las mejillas sonrojadas, como si hubiese estado haciendo ejercicio y, vestía unos vaqueros oscuros y una camiseta blanca de tirantes.

Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que ya no se encontraba en la casa a la que acudió la pasada noche. ¿Dónde estaba? y, ¿qué quería Alicia de él?
Lo que estaba claro es que se trataba de otro piso y de que era algo más grande y amplío, sin casi mobiliario.

Minuto a minuto, empezó a ser un poco más consciente de su cuerpo. Sentía como si estuviese atado a una silla, porque intentó moverse para tratar de escapar, pero le fue inútil. Aun así, se percató de que no tenía ninguna cuerda en sus muñecas ni nada que le retuviese, pero era obvio, algo le pasaba, porque no podía mover ni el meñique de su pie.

Alicia, de pie frente a él, le miraba con esa media sonrisa que normalmente caracteriza a los malvados y locos protagonistas de una película de terror. Pero Luis no conseguía mediar palabra y se quedó todavía más mudo, cuando Alicia giró el televisor hacía él y subió el volumen para que se deleitara con la noticia que estaban comunicando.

Las autoridades europeas acaban de informar que llevan varios años tras la pista de Tania. Por lo visto, se fugó de un centro de máxima seguridad en el que estaba ingresada y no se había hecho público hasta ahora, para evitar el miedo en la población. Esta joven cuenta con un historial bastante escabroso. Según las fuentes, habría secuestrado a sus víctimas, un total de veinte hombres, con ayuda de varios somníferos y similares, a los que habría mantenido drogados durante días mientras les vestía con diferentes atuendos como si de una ¨fiesta del té con muñecas¨ se tratase. Les mantenía con vida hasta que fallecían debido a la ingesta de la mezcla de todos esos medicamentos.

El modus operandi incluye la observación de su víctima durante meses, consiguiendo una relación cercana, y un plan macabro, totalmente estudiado al milímetro. Además, nos han confirmado que tiene fijación por los vendedores ambulantes.

Ninguno de los veinte hombres ha conseguido escapar con vida y se teme que pueda estar en Norteamérica, buscando a su siguiente candidato, ya que allí no es a penas conocida. Por lo que agradecemos la máxima difusión de esta imagen.

Acto seguido, vio la foto en la TV, lo que le dejó petrificado.
Era Alicia. Los únicos cambios eran su pelo rubio y no castaño y que llevaba gafas rojas de pasta.

Luis notó como el corazón se le iba a salir por la boca y le entraron unas ganas tremendas de vomitar. Al fin conocía lo que iba a pasar con él y no le estaba gustando, en absoluto.

Tania apagó el televisor y se giró hacía él, hablándole sin dar opción a un segundo de silencio, pero Luis solamente escuchaba dentro de su cabeza, una vez tras otra, la frase ¨no han conseguido escapar con vida¨
Volvió a la cruda realidad en cuanto vio como ella acercó una gran caja que estaba llena de disfraces y atuendos varios.

Durante varios días, estuvo jugando con él, vistiéndole con diferentes ropajes, desnudándole a su parecer, pintándole y peinándole, haciéndole vídeos y fotos.
A través de varias vías en ambos brazos, le mantenía alimentado e hidratado y aprovechaba a administrarle las drogas necesarias para conseguir ese continuo estado de vulnerabilidad.

Llegó el quinto día. Era de madrugada y Tania había olvidado poner su alarma para suministrarle a Luis la dosis pertinente de somnífero.

Él, atemorizado, consiguió arrancarse todas las vías del cuerpo y aunque casi sin energía pero con mucho esfuerzo, se levantó de esa incómoda silla de madera llena de astillas.

A penas veía porque todo estaba oscuro, pero no podía permitirse el lujo de encender ninguna luz, no podía permitirse el lujo de ser descubierto.

Estaba decidido, no la quería matar, pero quería lastimarla para poder salir de allí lo antes posible, llamar a la policía y que pagase por ello. Y qué mejor momento, que ahora que ella estaba plácidamente dormida.

Cogió un cuchillo de la cocina y se dirigió hacia el dormitorio en cuestión. Con las dos manos sobre aquel mango negro, levantó los brazos y cogiendo todo el aire que sus débiles pulmones le permitieron, se dispuso a clavárselo a Tania en el abdomen.

De manera repentina e inesperadamente, Tania, como si hubiese anticipado lo que iba a suceder, abrió los ojos y le vio a punto de clavarle el cuchillo, que consiguió esquivar y se quedó en un simple y superficial rasguño en la cadera.

Forcejeando, Tania consiguió incorporarse y que Luis soltase el arma que sostenía entre sus manos. Pero él no estaba dispuesto a rendirse y siguió luchando hasta que, en uno de esos esfuerzos, sintió como se desvanecía cayendo al suelo cual plomo desde las alturas, golpeando su cabeza fuertemente con la esquina de la mesita de noche.

Luis perdió el conocimiento y sucumbió en un sueño profundo una vez más.

Como si hubiese vuelto al punto de partida y sin saber cuánto tiempo había pasado, volvió a ese momento en el que sentía como se desperezaba. Esta vez tenía muchísimo dolor de cabeza. Y cuando abrió los ojos, sintió como la vida volvía a su realidad.

Se encontraba dentro del centro de máxima seguridad que había visto en la televisión y Tania, era la doctora que le trataba.

Así, ella comenzó a hablar para que entendiese dónde estaba y porqué.

Luis, estás aquí porque tienes un trastorno de identidad disociativo. Ayer tuviste una crisis muy grande. Te volviste muy agresivo porque estabas convencido de que yo me llamaba Alicia y de que quería hacerte daño. Los guardas tuvieron que inmovilizarte y te diste un fuerte golpe contra la mesa, de ahí que te duela la cabeza.

Estás aquí porque has secuestrado a veinte mujeres, hecho cosas espantosas con ellas y acabado con cada una de sus vidas.

Llevas cuatro años ingresado y tu celda se encuentra en el pasillo A, junto con otros dos internos a los que llamas ¨compañeros de piso¨

¿Recuerdas algo de lo que te estoy contando?

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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