Este post lo escribí en los días en los que uno de los mellis estuvo ingresado por segunda vez. Lo comparto ahora, porque ¨más vale tarde, que nunca¨
Estaba de camino al hospital, y me he puesto a pensar y a soñar despierta.
Me pregunto cuáles son mis propósitos en este año nuevo que comienza así, con uno de los bebés ingresado otra vez.
Todo esto viene añadido a que esta mañana, mi hijo mayor, se ha despertado y me ha contado que había tenido una pesadilla horrorosa. El pobre estaba asustado y lloraba mientras me lo describía, a lo que yo le he dicho que no se preocupase, que solamente había sido un mal sueño y que ahora tenía que pensar en cosas bonitas que sí que eran realidad.
Ese momento, esta mañana, más mi viaje al hospital, me ha dado mucho qué pensar.
Dándole vueltas a todo en mi cabeza, me doy cuenta de lo minúsculos que somos en la vida, en algunas ocasiones.
Es verdad que, si llevas una vida saludable, haces deporte de manera habitual, comes más o menos equilibrado, no fumas y no tienes malos hábitos, es menos probable que caigas enfermo o que juegues con la muerte de cerca. Pero luego hay ocasiones en las que nosotros no tenemos nada que hacer, es decir, están fuera de nuestro control, como darte un mal golpe o tener una enfermedad que no tenga cura.
Y me doy cuenta de cómo la vida, a veces decide por nosotros.
Lo primero de todo, me parece súper injusto. Venimos a este mundo sin decidirlo, como es obvio, pero encima, la vida toma ciertas decisiones por nosotros, y un día, de la nada, nos encuentran un bulto en alguna parte del cuerpo que no es nada bueno. Lo segundo, es precisamente eso, joder, que un día estamos bien y al siguiente nadie sabe, sin ni si quiera tener un momento para asimilarlo.
Y entonces, vuelvo a pensar en cuál es el objetivo, propósito o finalidad de estar en esta vida. Porque no me creo que estemos aquí para ir corriendo a todas partes y no tener tiempo de disfrutar de las cositas que realmente nos hacen felices y que, en su grandísima mayoría, son gratis.
Nos exigimos tanto, nos creamos tantas necesidades innecesarias, que nos olvidamos de lo que realmente nos llena el corazón de alegría y de satisfacción y dejamos pasar momentos que son ¨solo una vez en la vida¨
Ayer lo vi claro, entendí cuál era mi propósito en la vida, y porqué estoy en este mundo.
Como mi marido estaba en el hospital con el melli pochete, decidí que la noche la íbamos a pasar a modo ¨fiesta de pijamas¨, el mayor, el otro melli y yo, durmiendo todos juntos en la misma habitación (a la mierda la rutina y lo que se supone que debo hacer).
Y la verdad, es que tuvimos un momento de risas, de esos momentos en los que te duele hasta la tripa y que no puedes parar aunque lo intentes con todas tus fuerzas.
El mayor le hacía tonterías al pequeño, como si le fuese a pillar y el melli se ponía tan nervioso, que se moría de la risa.
Y lo vi nítido, estos son los momentos que quiero que formen mi vida, o por lo menos, la gran mayoría de ella. Estos son los momentos que más falta me hacen a diario y que quiero que sean los pilares de todos mis recuerdos.
Estos son los momentos que van a ser mi prioridad en este nuevo año. Estoy agotada de ir corriendo por la vida a todas partes, de ir corriendo porque se tienen que meter en la cama, porque al día siguiente hay que madrugar, porque tenemos que trabajar, porque tenemos que ir a la guardería, porque tenemos que ir al colegio. Trato de tener rutinas y todo bajo control, y hay ocasiones en las que las rutinas nos quitan de esos momentos que ya no vuelven. Creo que está bien tener un orden en la vida, no podemos ir improvisando a cada momento, pero debemos dejar margen a la espontaneidad y a entender que no siempre podemos controlarlo todo.
Y es que, madre mía, por ir como locos para que se cumplan todos los objetivos que nos ponemos, a veces excesivos o simplemente, impuestos por la sociedad en la que vivimos, perdemos esa esencia tan importante de la vida y que es para lo que realmente estamos aquí, para disfrutar y querernos, y no para que el día de mañana mi casa tenga 10m2 más que la del vecino, ni para que mañana yo tenga un coche con más extras que el tuyo.
Estos son los verdaderos momentos, los verdaderos momentos por los que tendríamos que luchar y no acostumbrarnos y acostumbrar a nuestros hijos a que es normal ir corriendo y a que no eres guay si no tienes la casa más grande o el móvil más caro.
En mi momento en el coche, a la deriva con mis pensamientos, también me he dado cuenta de que mi generación todavía no tiene ese cambio de mentalidad asumido al 100%. Veo gente de mi edad que echa muchas horas en el trabajo, que no trabajando, porque simplemente sigue pensando que la cultura de ¨calentar la silla¨ es genial, pero también me he dado cuenta de que la generación que viene por detrás, se va a comer a muchas empresas, porque ya no quieren eso: quieren trabajar, pero cuando su trabajo está hecho, quieren hacer otras cosas, quieren viajar, quieren disfrutar de la vida.
Muchas veces dejamos todo para mañana, pero la vida no espera. Puedes ganar más o menos dinero, pero el tiempo no vuelve y no se compra por muy rico que seas en el banco.
Así que mi propósito para este 2023, es llenar mis días con más momentos bonitos, con más abrazos, con más risas descontroladas, con más besos y con mucho amor, para tenerlos en mi recuerdo y para que todos aquellos a los que tanto quiero, los tengan en el suyo.
Desde luego, mentalmente me llenan de vida, y son los que hacen que mi familia crezca sana y feliz y tener una vida más placentera.
Muchísimo más que irme la última de la oficina.
Lola Loves
Discover more from Love Lola´s blog
Subscribe to get the latest posts sent to your email.