La gran escapada (Parte I)

Tom era un joven bastante despistado. Tenía el pelo castaño, lo suficientemente largo como para llevarlo todo el día despeinado, y sus guisas eran siempre bastante desaliñadas.

Era buena persona, pero siempre conseguía que le pasaran las típicas cosas que pensarías que son una excusa o parte de una película.

Sin ir más lejos, esa misma mañana, al subirse al tren dirección a la universidad, se le ha quedado pillada la mochila con la puerta, porque entraba corriendo en el vagón, justo en el momento en el que se disponían a cerrarlas.

Pero como siempre, ha asumido la situación lo mejor posible, aunque haya tenido que estar cinco minutos sin poder moverse y con varios chavales haciéndole un vídeo para colgarlo en alguna plataforma de esas que están ahora tan de moda.

La realidad es, que le daba igual, porque hoy iba feliz a clase, ya que él y su grupo de amigos, tenían organizado este fin de semana de escapada a la montaña, a una pequeña cabaña que tenía Raúl, su compañero del alma desde primer curso.

Raúl, era el típico graciosete del grupo, siempre andaba vacilando a la gente y nunca sabías cuándo estaba hablando en serio. Pero habían congeniado muy bien y nunca les faltaba una risa.

Cuando Tom llegó a la cafetería, donde siempre solían reunirse, todos estaban ya allí. Incluso Lorena, la chica de la otra clase que tanto le gustaba desde segundo.

Intentando andar más rápido, pero de manera disimulada para que nadie notase su agobio por querer llegar ya a aquella mesa, tuvo la mala suerte de cruzarse con uno de los camareros, que llevaba la bandeja llena de desayunos. Y cómo no, chocarse de lleno. Así que la cafetería, al completo, se giró para mirarle, mientras le chorreaba el café por el pelo y le aterrizaba una ensaimada de crema en toda la cara.

Suerte que hoy solamente tengo clase hasta las siete de la tarde, pensó a modo de consuelo irónico.

El día acabó y Tom volvía a casa. Estaba deseando que llegara el viernes para la gran escapada. Iba tan absorto en sus pensamientos, que no se percató del asfalto recién puesto en la carretera, metiendo los pies hasta cubrirle los tobillos.

Mira, como una estrella de Hollywood, pensó. Se fue a casa y se metió en la cama.

Mañana sería un nuevo día.


¡Por fin! ya es viernes y me muero de ganas por llegar a esa cabaña. Después de tantos días de planificación, estoy deseando pasar un buen rato con mis amigos.

Raúl debe estar a puntito de llegar, así que voy a terminar de organizarlo todo y a esperar a que me avise para bajar.

En cuanto Raúl le hizo una llamada perdida, Tom bajó escopeteado con su mochila.

Tras dos horas de viaje hasta la famosa cabaña, escuchando toda la música de moda y hablando de todas las cosas que harían ese fin de semana, bajaron del coche y una bolsita de tamaño medio cayó de la maleta de Raúl, que le miró nervioso y con una sonrisa culpable.

Parecía harina o algo similar, así que Tom, no le dio más importancia.

Entraron a la cabaña y cerraron la puerta tras ellos.

Aquí empezaría la gran escapada.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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