Inglis pitinglis

Como seguramente te haya pasado a ti, durante mis años en el colegio estudié inglés, pero la realidad fue, que al salir al extranjero, la vida me dio una gran bofetada con la mano bien abierta en toda la cara.

Como he comentado alguna vez, me fui a vivir a Australia y me di cuenta de que sabía inglés, pero me quedaba muchísimo camino por recorrer todavía.

A modo anecdótico, recuerdo tres grandes momentos que merece la pena comentar.

El primero es muy básico, pero tuvo lugar cuando me dispuse a hacer la compra. Y pensarás, ¿qué pudo haber pasado en una situación tan rutinaria?

Pues bien, cuando ya tenía el carro con todo lo que necesitaba, me puse en la fila para pagar. Hasta aquí , todo bien. Lo maravillo fue cuando la persona que estaba en la caja empezó a hacerme preguntas.

No entendía absolutamente nada de lo que me decía. Nada de nada. No recuerdo cuántas veces le llegué a decir que me repitiese la pregunta, por lo que el pobre chico, optó por omitirla y enseñarme el precio total.

Pagué y me fui algo avergonzada.

Desde ese momento, y hasta que me sentí segura y cómoda con el idioma, siempre pagaba en las cajas de autoservicio.

El segundo, fue todavía más traumático. El escenario: una entrevista de trabajo. En un país sin experiencia, me presenté a aquella cita, sin saber lo que me iba a encontrar. Y lo que me encontré, fue a un señor, al que por su inglés “algo cerradito” no había ni Peter que le entendiese.

Para que te hagas a la idea, tuvo que venir una de las empleadas para traducirme, al inglés normal, lo que me estaba diciendo aquel hombre.

No, no te lo preguntes, porque efectivamente, no me cogieron y eso que me dijeron que ya me llamarían si era seleccionada.😂

La tercera, fue la mejor. Después de salir por la noche un jueves, me desperté la mañana del viernes con la alarma del móvil sonando sin parar y yo, sin saber realmente lo qué estaba pasando.

La apagué y me volví a dormir.

Como si la vida me estuviese dando una oportunidad, me desperté de un sobresalto, recordando que tenía una entrevista de trabajo. Otra.

Me metí en la ducha, me puse lo más decente que encontré y me dispuse a ir a aquella cita, que pensaba sería una más en la extensa lista que llevaba a mi espalda (ya contaré en otro post, la razón por la cual hice tantas)

Iba algo mareada de la noche anterior, así que únicamente metí en mi bolso el ticket del tren, una botella de agua y una bolsa de plástico, por si me mareaba más de la cuenta, ya me entiendes.

Cogí el tren equivocado, ese que pasa y no para hasta el final del trayecto, pero conseguí apañármelas para llegar a cinco minutos de la entrevista.

Me senté en una sala, con dos hombres que me contaban cosas que no terminaba de comprender, pero la vida me puso allí por algún motivo.

Conseguí aquel trabajo y el equipo que formaba aquella pequeña oficina, me enseñó todo lo que necesitaba saber sobre ese idioma tan cercano, pero tan desconocido a la vez.

Después de aquella experiencia, puedo decir que mantengo mi acento, cosa que me encanta, y que podría defenderme en cualquier conversación en inglés, en cualquier parte del mundo.

Cenk llu an Gud nait! (se escribe así, ¿no?)🤭

Lola loves


Discover more from Love Lola´s blog

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

Leave a comment