Lo que no se ve y en lo que nadie se fija

Pues la Semana Santa ya ha pasado y puedo decir, que lo que empezó el año pasado como algo que parecía casual, se va a convertir en una tradición para mí.
Por segundo año consecutivo, he podido presenciar las procesiones durante esta semana, en Cádiz.

Es cierto, como he dicho en otras ocasiones, que no soy una persona a la que se le pueda considerar religiosa, pero mi marido lo es, algo más que yo.
Desde bien pequeño, venía a verlas con sus padres y algo más mayor, empezó a participar en alguno de los pasos.

Si bien es cierto, que no siento lo que deben sentir las personas más devotas y religiosas, admito que me parece increíble, no solamente el paso en sí: los colores, los olores y la música, que ya me atrajeron el año pasado; sino todo lo que he podido apreciar este año: lo que nadie ve y en lo que nadie se fija.

Creo que es todavía más increíble todo aquello que hay detrás de la mera imagen de un paso: ensayos, decoraciones, flores, dedicación, sacrificios, penintencias, amor, vacíos, penas, alegrías, tristezas y celebraciones. Pero sobretodo, lo que más me ha impactado, han sido las personas y los esfuerzos que hacen para que todo aquello sea posible.

Así que esta vez, me he dedicado a captar ciertos momentos en los que no me fijé el año anterior.

Voy con ellos.

Las esperas: cada procesión sale de una iglesia o catedral y tiene un recorrido marcado. Uno de los tramos es de obligado paso (carrera oficial), que entre otras cosas, debe pasar por la Catedral; y otro tramo, es el adicional y deseado por la cofradía en sí (aunque todas deben ponerse de acuerdo, para evitar atascos y que todo sea fluído).

Y todos los recorridos se llenan de gente a ambos lados, esperando a verlas pasar, aunque sea por tan solo unos minutos, en sillas plegables, de madera (y de pago), de pie o tirados en el suelo.

Y los tiempos de espera, pueden llegar a ser de horas, muchas horas (lo sé, créeme).

Y las esperas son para todos.

La comida: Pero esos ratos mientras todas esas personas esperan el ansiado momento, no son el balde. Conversaciones varias, pipas, risas, niños pequeños ya aburridos de estar ahí, sentados en sus mini sillitas y merienda-cenas. Y no olvidemos los maravillosos caramelos típicos de estos días: arropías y pirulís (estos últimos, enemigos número uno de los labios y paladares de los niños. Se tratan de caramelos con forma de capirotes, cuando más lo chupeteas, más afilado. No digo más.)

Las personas: El año pasado, quedé sorprendida con la decoración de los pasos en sí, con todo lo que debían pesar y con las calles tan estrechas por las que pasaban y los cables y ventanas que debían sortear. Me pareció todo un reto.

Pero este año me he fijado en todas esas caras, pies y esfuerzos que hay detrás de esta tradición religiosa. Y tenía que compartirlo.

Por lo visto, yo no tenía ni idea, debajo de cada paso, pueden haber 40 personas (mínimo). Seguro que ahora te haces a la idea de lo que debe pesar aquello y del calor que debe hacer allí dentro.

He oído gritos de sufrimiento, voces de motivación; he visto rostros sudando a chorros y llantos de impotencia. Y me gustaría compartir, algunas de esas imágenes contigo.

No quiero olvidar, compartir imágenes de las personas que realizan penitencia y que son de mención. Este año me he intentado fijar en todos los detalles, he hecho mil preguntas para intentar comprenderlo todo y para conocer las motivaciones de cada uno. Pero creo que necesito alguna semana santa más, para poder entender todo y fijarme en cosas, que seguro en esta, se me han pasado de largo.

Y bueno, es cierto que yo vivo de otro modo estos momentos, pero me parecen increíbles los sacrificios que hacen las personas y la devoción que tienen. En mi opinión, es una tradición bonita, que no hace daño a nadie, diría que todo lo contrario. Une a muchas personas que pasan una semana compartiendo muchos sentimientos.

Pero el año que viene, te cuento más.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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