Miro a mi alrededor.
Nada.
No entiendo cómo puede estar la cámara así y no haber nadie aquí , porque parece como si la hubiesen tirado al suelo y alguien la hubiese pisado o golpeado con algo realmente fuerte.
Vuelvo a echar un vistazo a la habitación. Ni que alguien pudiese estar escondido en este mini piso. Pienso de manera irónica, y una medio sonrisa se pinta en mi cara.
De pronto, la razón inunda mi cabeza. ¡La grabación! Pienso con claridad.
Saco de lo que queda de la cámara la tarjeta de memoria y sin perder ni un segundo, enciendo mi portátil.
Introduzco la tarjeta en el orificio pertinente y espero a que el programa se inicie.
Sí, ahora saldré de dudas. No tienes escapatoria, seas quien seas, seas lo que seas.
La imagen aparece en la pantalla. Aparece mi habitación, solitaria, y un escalofrío comienza a recorrer todo mi ser a la par que una sensación de malestar.
Me entran ganas de vomitar.
Acelero la velocidad de la reproducción. Un poco más rápido. Un poco más. Veo como pasan los minutos y no sucede nada.
De repente, una silueta oscuerece la imagen y el video se torna con esas rayas grises que aparecen en el televisor cuando no hay señal.
Paro. Respiro. Esto es lo que buscaba, encontrar la razón por la cual me siento desprotegida y cansada en esta casa. Ahora ya no hay marcha atrás, aquí lo tengo.
Sintiendo miedo por lo que voy a visualizar, echo uno segundos atrás la imagen, hasta encontrarme con esa presencia de nuevo.
¡Mierda! Al haber acelerado tanto el vídeo, no me había percatado de lo que estaba presenciando ahora. Estoy congelada. La piel de gallina. Un escalofrío recorriendo mi cuello. Me siento más vulnerable que nunca.
En la imagen, puedo ver cómo hay alguien en mi cuarto. Se ve todo bastante oscuro (es una cámara barata, así que la calidad no es la mejor del mundo), pero se puede apreciar a la perfección a un hombre, vestido con ropas oscuras. Pasea de un lado a otro. Parece tranquilo, lo que me hace estar más nerviosa.
Después de pasar varias veces por delante de la cámara, desaparece.
Chillo. Se sitúa justo delante de la imagen, mostrando solamente au cara. Tiene aspecto de haber salido de algún centro en el que te ingresan por haber perdido la cabeza, o de venir de algún lugar en el que la vida no le ha tratado bien.
Tiene la cara sucia, el pelo enredado y despeinado. Los dientes negros por no haberlos lavado en mucho tiempo.
Acerca su rostro a la cámara. Sonríe con una mueca que me vuelve a generar escalofríos. Esta vez, muchísimo más intensos.
Lo que viene ahora, es lo que me hace tener nauseas de nuevo, todavía más fuertes.
Gira la cámara y enfoca al sofá. Donde me hallo tumbada, dormida tras mi cena y mi copa de vino.
Se acerca a mí. Me toca el brazo.
Mientras veo el vídeo, me estremezco. Me toco el mismo brazo derecho que ha acariciado él hace tan solo un momento y puedo ver que tengo un moratón.
Joder, joder… ¿quién o qué es él? Me noto muy agitada, la respiración se me acelera hasta un punto que siento que el aire que entra en mis pulmones no me sirve de nada. Me temo que estoy sufriendo un ataque de pánico en toda la regla.
Después de haberme tocado el brazo, el personaje que estaba en mi casa hace unos minutos, se gira de nuevo, dirección a mi cuarto. Vuelve a coger la cámara y sonríe a modo despedida.
Vuelvo a chillar, con más temor en mi sonido, pues a la par que finaliza el vídeo, la puerta del baño se cierra con un portazo.
Mierda, pienso. Sigue aquí.
Lola Loves
Discover more from Love Lola´s blog
Subscribe to get the latest posts sent to your email.