Es una realidad. El fútbol es un deporte que despierta pasiones y emociones en millones de personas alrededor del mundo. Para muchos niños, jugar al fútbol es una experiencia emocionante y enriquecedora que les permite desarrollar habilidades, aprender trabajo en equipo y divertirse. Sin embargo, en ocasiones, la intensidad del deporte puede desencadenar una agresividad preocupante en algunos padres que asisten a los partidos de sus hijos.
Personalmente, he vivido situaciones de tensión, viendo a mi hermano cuando era pequeño y a mi hijo mayor (que aunque es el mayor, sigue siendo pequeño), por lo que pensando en temas sobre los que escribir, este me ha parecido verdaderamente brutal y adecuado, así que… ¡vamos a ello!
Lo primero, creo que es natural que los padres nos sintamos emocionados y orgullosos al ver jugar a nuestros hijos en el campo. Sin embargo, cuando esta emoción se convierte en agresividad y comportamientos inapropiados, puede tener consecuencias negativas, ya no sólo para el partido en sí, sino para nuestros niños.
1.¿Qué efecto tiene sobre los niños?
Uno de os efectos que puede tener la agresividad de algunos padres, es una presión adicional sobre los niños, que muchas veces ya están lidiando con la presión de jugar bien y mejorar en el deporte.
Así que es muy probable, que lo que piensas que es motivación para los pequeños, sea mera agresividad y se convierta en ansiedad, cohibición y desmotivación por no defraudar.
2.Ambiente hostil.
Los comportamientos agresivos de los padres pueden crear un ambiente hostil en los campos de fútbol. Esto puede afectar a la relación entre los equipos y los espectadores, generando conflictos y tensiones innecesarias.
Muchas veces, nuestros pequeños van a jugar para pasarlo bien y estar con sus amigos, y terminan teniendo una situación, que realmente no entienden.
3.Modelo de conducta.
¡Qué importante es esto!
Lo sabes, los padres/madres somos los modelos de conducta para nuestros hijos, y cuando nos ven con una actitud agresiva, es probable que aprendan que este tipo de comportamiento es aceptable.
Si esto sucede, es más que posible que este aprendizaje se vea reflejado en sus relaciones sociales y futuros desempeños en el deporte. Y que una competitividad sana, pase a una competitividad agresiva y llena de trampas, con tal de ganar.
4.Relación con el entrenador.
La agresividad de los padres también puede afectar a la relación entre los entrenadores y los padres, dificultando la comunicación y colaboración en beneficio del desarrollo deportivo del niño.
Y que no te extrañe, que si esto llega a más, tu hijo sea ¨invitado¨ a abandonar el equipo.
5. Riesgo de incidentes.
En casos extremos, la agresividad de algunos padres puede desencadenar situaciones de conflicto físico o verbal con otros espectadores o incluso con los propios niños o entrenadores.
Soy madre de 3 chicos y hermana de uno y considero que sé lo que es que la pasión por ellos te haga querer verles triunfar, pero si no sabes controlarte y ver la competición con perspectiva, mejor quédate en casa y no vayas a verles.
Lo mejor que puedes hacer es:
- Controla las emociones. Actúa como una persona con corazón, pero que también razona. Si presencias una injusticia, coméntala con educación, siempre sin faltar al respeto. Es más que probable que consigas solucionarla antes así, que con agresividad. ¿Imagina que estás viendo a tu pequeño y el árbitro te expulsa de la grada por tu comportamiento?, ¿qué pensaría tu niño?
- Sé un apoyo incondicional. Ganen o pierdan.
No hay que macharles ni bajarles la moral, hay que prepararles para todo, para ganar y para perder. He llegado a ver a niños, subidos en el primer puesto del pódium, riéndose de los de segunda y tercera posición y pienso…
¡Qué pena no enseñarle a tu hijo a disfrutar y asumir cada momento! No quiero imaginar qué hará si pierde. - Respeta a los demás. ¡Ay, el respeto! Es una cualidad que está muy ausente hoy en día. En general, creo que no se educa para respetar y es algo esencial para mantener relaciones sanas, ya sea deportivas, como personales: con tu compañero, con tu competidor, con tu pareja, con tu madre o con tu profesor.
- Comunicación positiva. Decir lo que no está bien, no supone ser negativo. Hay que comentarlo todo, las áreas de mejora y reforzar lo que ya está bien, pero siempre con un mensaje, con una finalidad. Machacar de gratis a una persona, no va a hacer que la situación mejore por ningún lado.
- Enfócate en el disfrute.
¿Qué edad tienen? Vale, pues vamos a dejar que disfruten.
Es probable que tu hijo vaya a fútbol porque tú quieras, y él lo odie, así que no te enfades si no le da la importancia que tú quieres. Enséñale a disfrutar con cada entrenamiento, con cada partido y la emoción que ello conlleva, y puede que consigas que termine siendo tan aficionado como tú.
En conclusión, el fútbol puede ser una herramienta valiosa para el desarrollo de los niños, pero es esencial que los padres juguemos un papel positivo en su experiencia deportiva. La agresividad y los comportamientos inapropiados sólo pueden perjudicar a los peques y crear un ambiente desagradable. Al adoptar una actitud respetuosa y de apoyo, los padres podemos ayudar a crear un entorno enriquecedor y positivo que favorezca el desarrollo integral de nuestros hijos en el fútbol y en la vida.
Lola Loves
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