No podemos negarlo.
La relación entre madre e hijo es un vínculo profundamente significativo y complejo.
Ha sido objeto de estudio e investigación en diferentes disciplinas, y varios estudios han demostrado la importancia del papel de las madres en el desarrollo emocional, social y cognitivo de sus hijos.
Desde el nacimiento, la relación madre-hijo comienza a formarse a través de la interacción temprana y el apego (y qué decir de los 9 meses de embarazo).
Según investigaciones realizadas por psicólogos del desarrollo, el apego seguro entre madre e hijo es fundamental para el bienestar emocional del niño. Un apego seguro proporciona una base segura desde la cual el niño puede explorar el mundo y desarrollar confianza en sí mismo.
Pero antes de seguir, vamos a explicar, ¿qué es ¨apego seguro¨?
Apego seguro: Tipo de apego que está caracterizado por la incondicionalidad: el niño sabe que su cuidador no va a fallarle.
También podemos encontrar otros estudios, que indican que las madres, igualmente desempeñan un papel crucial en el desarrollo del lenguaje y la comunicación de sus hijos. Se ha demostrado que la cantidad y calidad de la comunicación entre madre e hijo en los primeros años de vida, están relacionadas con el desarrollo del lenguaje del niño. Las interacciones verbales positivas y afectuosas ayudan a los niños a adquirir habilidades lingüísticas y a establecer conexiones emocionales.
Además, la presencia de una figura materna afectuosa y comprometida, se ha asociado con resultados positivos en el desarrollo socioemocional de los niños. Las madres que proporcionan un ambiente cálido, receptivo y de apoyo, ayudan a sus hijos a desarrollar habilidades sociales, empatía y resiliencia emocional.
Yo no sé tú, pero no sé estar sin llamales con apodos cariñosos o sin darles besitos y achuchones a mis niños (así que van a ser hiper extrovertidos y empáticos los 3).
El impacto de la relación madre-hijo también se extiende hasta la edad adulta. Varios estudios longitudinales han mostrado que una relación cercana y de apoyo con la madre durante la adolescencia, estaba relacionada con niveles más bajos de depresión y ansiedad en la adultez temprana. (Creo que es esencial que un adolscente se sienta escuchado en casa, en esos momentos de cambios hormonales y de presión social por la que pasan).
Está claro, que no todos somos iguales y debemos destacar que la relación entre madre e hijo puede variar dependiendo de diversos factores, como el contexto cultural, el entorno social y las circunstancias individuales. Sin embargo, el papel de las madres como figuras de cuidado y apoyo en la vida de sus hijos es universal (y hasta hace más bien poco, era único, pues la figura del padre era, únicamente, la de ¨traer el dinero a casa¨).
En resumen y para terminar, la relación entre madre e hijo, es esencial para el desarrollo y el bienestar de los niños. Desde los primeros momentos de la vida dentro del vientre, hasta la edad adulta. El amor, la atención y el cuidado materno, influyen positivamente en el desarrollo emocional, social y cognitivo de los hijos.
Y es que, ¿quién tiene el poder de darles un besito que lo cura todo cuando tienen pupa?
Lola Loves
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