¡Hola! Soy Laura Bueno, y te voy a contar algo que ha pasado en mis navidades.
Empezamos.
Bueno, si me seguís desde hace tiempo, ya sabréis que mi hijo mayor ha cumplido 8 años y el otro día, el mismo día de Reyes, nos planteó varias dudas que no le parecían razonables sobre los Reyes, Papá Noel y el Ratoncito Pérez.
Es cierto que yo fui consciente de la cruda realidad siendo más pequeña que él, de hecho, no recuerdo a mis padres contándome la verdad. A diferencia de mi hijo, que ha sido muy consciente del proceso. Y admito que a mí, me entra vértigo pensar que ya se ha quemado otra etapa de su infancia y que está a un paso más cerca de ser un adolescente.
En fin, que me entra la melancolía. Sigo con la historia.
El día de Reyes, nos levantamos como cada año, y muy emocionados, nos dirigimos todos al salón. Cuando abrimos la puerta, nos encontramos nuestro árbol de Navidad, rodeado de regalitos para todos. Incluso los mellis hacían gestos de sorpresa y emoción.
Poco a poco, fuimos abriendo cada uno de los regalos y cuando se acercó el mediodía, nos juntamos con mis padres y hermano para comer por ahí.
Al llegar a casa tras la comida, para tomar un café y un trocito de roscón, como bien marca la tradición (aunque no te guste el roscón, como a mí), mi hijo tenía ciertas dudas:
¨No puede ser que alguien viva tantos años¨, decía sobre los Reyes; ¨Y tampoco hay nadie en la Tierra que tenga magia, porque nadie tiene magia¨ remarcaba; ¨Pero es que, además, es imposible que a alguien le de tiempo a repartir tantos regalos por todo el mundo, en tan solo 7 horas¨.
Sinceramente, aquí veo por qué le gustan tanto las matemáticas: parece una persona muy racional.
Yo, viendo que lo tenía todo tan claro y que se cuestionaba tantas cosas dudé un momento: ¿le sigo alargando esta historia? o, ¿cambiamos la magia al otro lado de la ecuación?
Él estaba convencido que tanto Papá Noel, como los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez, tenían que ser los padres, abuelos, etc. Por lo que le miré a los ojos y le pregunté: ¿Tú quieres saber la verdad?, ¿estás seguro?
A lo que me contestó que sí, sin ni siquiera pensarlo una milésima de segundo. Y la verdad, en mi opinión, si mi hijo no preguntase, podría dejarlo estar, pero si tiene tantas dudas y quiere saberlo, no puedo seguir con el ¨engaño¨ (entre comillas), porque ya le estaría mintiendo descaradamente y creo que tampoco hay que forzar. Cada uno a su tiempo.
Así, se lo contamos, le dijimos que tenía razón y que esos 3 eventos se celebran, debido a una tradición por diferentes motivos y que se usan para crear magia e ilusión, con los más pequeños de la casa.
Y en cuanto le dijimos lo siguiente, es cómo se cambió al otro lado de la ecuación y descubrió la magia de la verdad:
¨Ahora tú, estás en el equipo de los mayores, y tienes que guardar el secreto con tus amigos y con tus hermanos, y ayudarnos a seguir creando magia cada año¨
Lola Loves
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