El otro día andaba pensando en un tema sobre el que escribir. No quería utilizar mi imaginación, quería un tema real, una experiencia vivida y me curcé con un artículo que tenía escrito en su textos, estas dos palabras:
Amistad por casualidad.
Y de manera inmediata, me vino una persona a la cabeza. Ella.
Ella es una persona increíble, encantadora, que le dio luz a mis días en muchísimos momentos, que me abrió las puertas de su casa, que nunca me juzgo, a la que adoro y echo enormemente de menos y a la que le deseo las mayores de las felicidades.
Pero comenzaré por el principio.
Cuando me fui a vivir a Australia, me costó muchísimo encontrar trabajo. No porque no tuviera estudios o experiencia, sino porque no tenía referencias profesionales en Australia. Y claro, cómo las iba a tener, si nadie me contrataba por esa misma razón.
En fin, gracias a que la vida aprieta, pero no ahoga (más o menos como dice mi señor padre), conseguí un trabajo, que aunque no era el ¨trabajo de mi vida¨, me dejó meter la cabeza en el mercado laboral, me hizo ser más humilde y me sorprendió enormemente. Yo venía de vivir en Madrid, había estudiado ADE en universidad pública, llevaba 2 años trabajando en una empresa, de manera súper estable y estaba independizada y tenía un nivel de vida bastante aceptable.
Cuando aparecí en la otra punta del mundo, me zampé los ahorros y el trabajo que te comento, que conseguí de varias entrevistas en las que me rechazaban, era en un polígono industrial, en una nave que tenía maquinaria abajo y un pequeño despacho para los 4 que éramos arriba. Eran todo hombres y el trabajo que yo haría era servicio al cliente y un poco ¨lo que me fueran soltando¨.
Aunque empecé ilusionada por poder trabajar, es cierto que sentía que había dado un paso atrás, profesionalmente hablando, pero sin duda, fue un golpe de realidad que me hizo valorar absolutamente todo mucho más, dejar de ser superficial y disfrutar de cada etapa. Así hice, disfruté de mi tiempo allí y aprendí un montón de los chicos (con alguno de ellos sigo teniendo relación y sin duda, me encantaría poder volver a verles algún día).
Como tenía poco dinero, busqué planes y cosas que hacer, que fueran gratuitas: me subía en un barco que iba por el río y que era gratuito para conocer la ciudad, me saqué el carnet de la biblioteca, fue la época en la que más libros he leído del tirón, y pensé en ir a una perrera a ayudar. Yo no tenía dinero, pero lo que sí tenía, era tiempo.
Y allí es dónde la conocí a ella.
En mi primera visita a ayudar con los perritos, la persona encargada me indicó que había otra española allí y que si quería, le podía dar mi teléfono y así conocernos. Y así hice, encantada, le di mi ok a darle mi número y pocos días después, nos pusimos en contacto.
Admito que al principio pensé… a ver si va a ser un loca o no vaya a ser esto es una trama rara y me terminan secuestrando, pero algo me decía por dentro que tenía que verme con ella.
Tras varias conversaciones por Facebook (que era la plataforma de moda en su momento: ni IG, ni TickTock, ni Whatsapp), decidimos quedar una tarde. Ella me pasó a recoger con su coche por casa y yo me subí algo nerviosa.
Pero para mi sorpresa, todo el nervio se nos fue cuando nos entró la risa porque hacía un calor insufrible y una humedad brutal y no conseguíamos poner el aire acondicionado. Creo que le dimos a todos los botones del coche.
Llegamos a un restaurante a tomarnos algo, un poquito sudadas, pero felices.
Y esa fue la primera de nuestras quedadas, pero tuvimos muchas más. Tuvimos noches de cena en las que nos poníamos al día de nuestras vidas, otras tantas en las que me contaba su preciosa historia de amor con su marido, de la que fui partícipe y sobre la que me encantaba escuchar cada precioso paso que daban; acudí a su boda siendo su Master of Ceremonies en la versión española; hicimos comilonas en su casa, barbacoas en la mía; me enseñó lugares de la ciudad que se convirtieron en mis favoritos; Conocí a su primer bebé y ella al mío, y estoy deseando conocer al segundo y presentarle a los mellis. Y en una ocasión, nos vimos en España.
Una gran amiga, que me regaló la vida sin buscarla, con la que no tengo contacto a diario, pero cuyos mensajes recibidos de manera esporádica me llenan el corazón de alegría. Definitivamente, como amiga: she is a keeper.
Sin ninguna duda, es una de las personas más especiales de mi vida, que tuve la suerte de cruzarme por una situación muy causual, lo que me vuelve a confirmar, una vez más, que cuando haces cosas buenas, la vida te lo recompensa, como hizo conmigo.
Lola Loves
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