Mommy4real: Un nuevo comienzo

Este año, una amiga cercana tuvo que enfrentar una situación en la que no solemos pensar cuando tenemos hijos, pero que puede darse y generarnos un vértigo aterrador: el cambio de colegio de su hija.
Esta historia me enseñó mucho sobre cómo manejar esta transición y espero que también le sea de utilidad a cualquier persona que me lea y que tenga que afrontarla.

Cuando mi amiga Marta y su marido decidieron que Miriam tendría que cambiar de colegio, sintieron una mezcla de preocupación y nerviosismo. Sabían que no sería fácil para su hija, así que decidieron abordarlo con calma y mucha preparación. Recuerdo que me comentó cómo ella se sentó con Miriam en el sofá una tarde, con su bebida favorita, y le explicó con paciencia por qué era necesario este cambio. Le habló sobre las nuevas oportunidades y sobre cómo, aunque podría ser un poco aterrador al principio, sería una experiencia positiva.

Un par de semanas antes del gran día, Marta llevó a Miriam a visitar la nueva escuela. Quería que ella conociera el entorno, las aulas y, si era posible, a algunos de sus futuros profesores. Marta me comentó que esta visita fue crucial para reducir la ansiedad de la pequeña. Caminar por los pasillos y ver las instalaciones le ayudó a sentirse un poco más familiarizada y menos intimidada por lo desconocido.

En las semanas previas al cambio, Marta se enfocó mucho en el apoyo emocional. Cada noche antes de dormir, le daba espacio a Miriam para que expresara sus miedos y preocupaciones. A veces, ella solo necesitaba un abrazo y saber que estaban juntas en esto. Marta me contó que era importante validar sus sentimientos, asegurándole que era normal sentirse nerviosa y que ella estaba allí para apoyarla.

El primer día en el nuevo colegio fue todo un acontecimiento. Marta decidió acompañar a Miriam, aunque ella insistía en que podía hacerlo sola.
Llegaron temprano para que tuviera tiempo de ubicarse sin el bullicio de los demás niños. Al final del día, cuando Marta recogió a Miriam, lo primero que hizo fue preguntarle cómo le había ido. Quería saber cada detalle, cada sensación. Hablaron largo rato sobre lo que le gustó y lo que no, y Marta la alentaba a ver los aspectos positivos.

Durante las primeras semanas, Marta mantuvo una comunicación recurrente con los nuevos profesores, ya que quería asegurarse de que se estaba adaptando bien y, si había algún problema, poder abordarlo rápidamente. Los maestros fueron muy comprensivos y la mantenían informada sobre el progreso de Miriam.

También organizaron algunas ¨quedadas en el parque¨ fuera del horario escolar con sus nuevos compañeros, lo que fue clave para que la pequeña se sintiera más integrada y cómoda en su nuevo entorno.

Finalmente, uno de los aprendizajes más importantes que anoté, fue fomentar la independencia de Miriam. Marta le dio espacio para que resolviera sus propios problemas, pero siempre estuvo ahí para apoyarla cuando lo necesitara. Miriam aprendió a adaptarse prácticamente sola.

Cambiar de colegio fue un reto para Miriam y su familia, pero con el apoyo adecuado, no solo se adaptó, sino que también floreció en su nuevo entorno.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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