Spaghettis vs. Macarrones

La gran y eterna duda… si ambas opciones son pasta, ¿por qué todos tenemos claro cuál es nuestra favorita?

Vale, yo estoy 100% segura de que me encantan los spaghetti, de los finitos, que son denominados como “cabello de Ángel” y que los macarrones me tienen que apetecer mucho muchísimo, como para cocinarlos voluntariamente.

Pero, ¿por qué? Al fin y al cabo, las dos opciones están hechas de lo mismo y entran dentro de la denominación “pasta”.

Entonces, ¿qué más da el tamaño o la forma?

Por ello, y para intentar averiguar este gran dilema de la vida, me puse manos a la obra. Buscando por internet, llegué a un artículo en el que aseguraban que esta decisión estaba basada en la salsa que acompaña a cada tipo de pasta. Por lo visto, hay ciertas salsas que siempre acompañan a la pasta larga, como los spaghettis y ciertas salsas, que siempre tienen que ir con pasta corta, como los macarrones (penne, propiamente dicho).

Ahí es donde me di cuenta, que por eso, yo, prefería la pasta larga, porque tanto la carbonara como la boloñesa, acompañan a mis tan adorados spaghetti.

De todos modos, como no quedé satisfecha del todo, investigué un poco más, y me crucé con un cuestionario, que tenía como resultado un 57% a favor de las personas amantes de los spaghetti, frente a un 43% amantes de los macarrones. ¡Vaya decepción! ¡Está muy nivelado! pensé.

Estaba muy decepcionada con mi investigación, y es que es cierto que tenía la esperanza de encontrar un patrón de comportamiento frente a una elección u otra, y poder entender qué tipo de persona escogería una u otra opción, pero mi esperanza quedó en el fondo del pozo.

Al fin y al cabo, tiene lógica que nuestra elección de la pasta tenga que ver con cuestiones como la salsa que la envuelve, la experiencia sensorial que nos provoca, la textura en nuestra boca, o con que sea o no fresca.

Y por ello, y con algo de decepción interna por mi descubrimiento tan sumamente lógico, quiero seguir pensando que detrás de esa elección, se esconden diferentes tipos de personalidades, y que pronto, de manera remota, cuando menos lo espere, me chocaré con una respuesta que me deje satisfecha. Tan satisfecha como lo hacen los spaghetti a la boloñesa.

Lola Loves

Final del día

Cuando tienes hijos, y están en edades en las que son dependientes, o muy dependientes, llega un momento del día en el que ellos entran en ese ¨estoy cansado, me quiero ir a dormir¨, pero cuando son bebés, no pueden transmitirlo más que llorando sin razón aparente, y eso a veces nos hace volvernos algo locos; y cuando van creciendo y ya pueden hablar y comunicarlo, no suelen admitirlo, y hay ocasiones en las que se resisten frente a la idea de irse a dormir.

Aun así, y aunque parezca que nunca va a llegar ese momento, cuando tienes hijos (a los que quieres con locura y por los que darías la vida), admite que das gracias, porque siempre llega ese final del día.


Ese momento en el que hay ¨silencio¨ en la casa y en el que puedes sentarte con tu pareja, tranquilamente, si tienes la suerte de que tus hijos duerman del tirón (bueno, vamos a dejarlo en… puedes sentarte con tu pareja, más tranquilamente que con los niños alrededor, demandando vuestra atención), y tomarte una copita de vino, charlar de la vida en general o enrollaros como cuando os distéis aquel primer beso.

Son esos momentos, y aunque estemos cansados, los que debemos cuidar con nuestra pareja. Es cierto que hay días en los que será imposible mantener los ojos abiertos, pues hay días que son agotadores, en ocasiones mentalmente y en otras, físicamente.
Pero por muy cansados que estemos, esos pequeños momentos de pareja son esenciales, para no caer en el olvido, dentro del día a día caótico de biberones, actividades extraescolares, rutinas y demás. Y además, para mantener viva esa llama que te unió a tu pareja cuando empezasteis esa bonita relación, porque vuestra unión, os hará estar más preparados frente a cualquier adversidad o situación fuera de lo habitual con vuestros niños, en el día a día.

Recuerdo, a modo experiencia personal, que con la situación del aislamiento en caso de contacto estrecho por covid que nos tocó, y el temporal de filomena, tuvimos que estar en casa encerrados unas 3 semanas, aproximadamente…

En esos momentos, todavía no estaban los bebés con nosotros, pero teníamos al peque de 5 años (los que tienen niños de esa edad, si son algo activos, entenderán que estar en casa tanto tiempo, es como enjaular a un animal salvaje).


Pues bien, por las noches hacíamos lo posible por tener ese momento para nosotros, y una de esas veces, decidimos tener una cita, algo diferente.

Como sorpresa, mi marido se quitó la barba, dejándose solamente el bigote y se puso más guapo de lo normal, vistiéndose como si fuésemos a salir a un buen restaurante a cenar; yo, por mi parte, me puse tacones, un vestido, me ondulé el pelo y me pinté los labios de rojo.

Y así, con una pizza y una botella de vino, conseguimos hacer de una noche más, una noche única.

Por esta razón, y teniendo 3 hijos, quería compartir un post de este tipo, porque ser padre, ser madre, es bonito y satisfactorio, pero también es complicado, y hay ocasiones en las que pone a prueba a la pareja.

Regalaos esas pequeñas citas, os merecéis ese momento para vosotros, por vuestra salud mental y por vuestro ¨felices para siempre¨

Lola Loves

Para toda la vida

El otro día compré un café que muchos conoceréis, con el que participando, puedes conseguir un sueldo para toda la vida, y rápidamente pensé…

¿Y yo que haría si me tocase ese sueldo de por vida?

Puf… en ese mismo momento una sensación de nerviosismo invadió todo mi cuerpo, como si de una realidad inmediata se tratase.

La realidad es, que si me tocase un sueldo para toda la vida, no sé qué sería lo primero que haría.

Pensándolo fríamente, no dejaría de trabajar, sino que seguiría con mi vida, de tal forma que pudiese ir ahorrando todo aquello que ahora no puedo.

Lo cierto es, que algo sí cambiaría, y sería esa sensación de mayor tranquilidad frente a los gastos inesperados, pues con un sueldo de por vida, paralelo al de un trabajo, lo que sería un gasto difícil de afrontar, podría ser manejable. A gastos repentinos, me refiero a cosas como dentistas para niños, temas relativos al coche, averías en casa…

Luego seguí pensando, y cuando esa emoción vertiginosa abandonó mi cuerpo, tuve claro que, aparte del ahorro que podría llevar a cabo, pues con tres peques sería aconsejable, podría ayudar a alguien más. Con ese dinero, con el que al fin y al cabo no contaba en un principio, podría ayudar a personas que lo necesitasen más que yo, o que no tuviesen las mismas oportunidades en la vida, es decir, y teniendo en cuenta la situación actual, ayudaría a otra familia que a día de hoy, tuviese que elegir entre comer, pagar la hipoteca o la factura de la luz, a una familia de Ucrania, o a enviar ayuda a esa familia en una zona menos afortunada, tanto dentro de España, como en otras zonas del mundo.

Lo cierto es, que me puse a pensar y terminé con los ojos llenos de lágrimas y la piel de gallina, porque una vez más, me di cuenta de lo afortunada que soy, pues cada noche, mi familia y yo tenemos un techo bajo el que dormir, porque cada noche, nos vamos a la cama con la tripa llena, y porque cada día, mis hijos tienen la suerte de poder ir al colegio.

Y por ello, y secándome las lágrimas que caían por mis mejillas, tuve claro que si me tocaba un sueldo de por vida, esa familia luchadora, trabajadora y con menos posibilidades de las que me ha brindado a mi la vida, sería, sin duda, el destino de esa suerte.

Lola Loves

Extensión de tu cuerpo

En uno de mis últimos viajes relámpago a Brisbane, quedé con una buena amiga, que tiene una peque un poquito más pequeña que mi hijo.

Recuerdo que terminamos hablando de los primeros meses en los que nuestros pequeños eran recién nacidos y en los que teníamos que alimentarles cada dos horas.

No nos quedó alternativa, que reírnos a carcajadas, porque las dos coincidimos en que gran parte del tiempo, lo teníamos que hacer todo con una mano.

Es cierto que al principio pasas mucho tiempo con tu pequeño, abrazándole, dándole el pecho o el biberón, meciéndole para que duerma… y por ello, más que un bebé, hay ocasiones en las es, una extensión de tu propio cuerpo.


Hubo una ocasión, que en la baja de maternidad por mi primer bebé, decidí ir sola a desayunar. Si no recuerdo mal, me pedí un zumo, un café y un desayuno súper completo, de esos tipo americanos…

¡ERROR!


Sin problema, me tomé aquel zumo que me supo a gloria, luego el café calentito, pero cuando llegó el momento de hincarle el diente a la comida…

¡MADRE MÍA! El peque se despertó, porque le tocaba comer más pronto que tarde, y no me pidió el biberón tranquilamente y en un tono bajo, no, me lo pidió como él únicamente sabía hacer: llorando.

Y pensarás, haber ido a desayunar antes, para no hacerlo coincidir con la toma. Créeme, si no hubiese tenido que cambiarle el pañal, vestirme yo, algo decentemente y llegar al sitio en cuestión, lo habría hecho…

Pues bien, con el peque encima de mí, porque estaba algo nervioso porque ya tenía hambre, empecé a intentar comerme ese sabroso desayuno.

Pero no parecía mejorar el panorama, sino todo lo contrario. Mi pequeño ya tenía más hambre y decidió hacérmelo saber a través de un notorio llanto más fuerte que el inicial. Bueno, hacérmelo saber a mi, y al resto de personas en aquella cafetería.

Decidí prepararle el biberón y apañármelas para darle de comer y comer yo a la vez, antes de que aquel revuelto de tortilla se convirtiese en fósil.


Sin duda, una escena digna de ver.

De hecho, al lado de mi mesa, había un hombre sentado mirándome con cara de admiración, asombro y empatía a la vez.

Relacionado con el tema comida, también tengo muy buenos recuerdos de los que eran, por aquel entonces, mis vecinos. Ellos ya habían tenido un niño y tenían a otro en camino.

Como sabían lo que era cuidar de un bebé y olvidarse de uno mismo, muchas tardes me pasaban tuppers de comida por el jardín. Sigo agradeciéndoles ese detalle que a mí, me daba la vida.

Por ello, cuando una futura mamá me pregunta por algún consejo, siempre recomiendo que antes de tener al bebé, aproveche a congelar comidas ricas en porciones, para poder tenerlas a mano cuando venga el pequeñín.


Además, otra gran idea es tener ̈snacks ̈ sanos y que te llenen de energía, como verduras, frutas y frutos secos, que son una genial opción, evitando malcomer (lo digo por experiencia)


Así que para todas las mamis alrededor del mundo, manteneos sanas y llenas de energía para poder lidiar con esas noches de poco dormir y días hablando con voces de niños de villancicos.

Y recordad siempre…

¡LO ESTÁIS HACIENDO GENIAL!

Lola Loves

Cuando te haces mayor

El otro día fui realmente consciente de algo que en el presente me hace mucha ilusión y que si se lo hubiese contado a mi “yo” de hace 15 años, estoy segura se habría reído a pierna suelta y en mi cara.

No sé si a ti te pasará lo mismo, pero a mí, desde hace un tiempo atrás, me hace mucha, pero que mucha ilusión, ir a hacer la compra.

Algunos estaréis leyendo esto y pensando… “qué dices? Si yo voy casi por necesidad”, pero otros muchos de vosotros, estoy segura de que habréis sonreído y pensado “jajajaja a mi me pasa lo mismo”

Y aunque ir a hacer la compra hoy día, me parece casi un planazo, lo que más ilusión me hace, es comprar alguna cosita diferente, algo que vea en esa estantería de los cereales que sea nueva, fuera de la lista que llevo en una nota en el móvil.

Porque sí, efectivamente, llevo una lista en la que detallo lo que me hace falta, que una va cumpliendo años y las cosas se empiezan a olvidar, la necesidad de ahorro es mayor, sobretodo con 3 niños, y la rabia que me inunda si olvido algo, no compensa.

Pues bien, como decía, hoy en día me hace mucha ilusión ir a hacer la compra. Cuando llego al supermercado, y aunque llevo lista, me gusta ir pasillo a pasillo, por si me cruzo con algo más emocionante de lo normal, más innovador de lo esperado.

Cuando estaba en la universidad, vivía con mis padres, por lo que esta no era una actividad frecuente y lo máximo que hacía, era acompañar a mi madre. Pero claro, en ese momento de mi vida, mis prioridades eran, obviamente, otras.

Y es que, quién me lo iba a decir, ahora yo soy ella y ahora entiendo el tiempo que le dedicaba tan delicadamente.

Además, otra cosa que he ido perfilando y puliendo con el tiempo, es a no comprar todo en la misma superficie, es decir, tengo mis favoritos; para los cereales, galletas y pan, un súper, para embutidos, quesos y pizzas, otro diferente…

Y para la fruta y verdura… el mercadillo. Y es que este último, ha sido mi gran descubrimiento durante mi baja de maternidad. Los tomates saben a tomates y las lechugas traen algún bichito.

En fin, otra cosa que no habría pensado cuando vivía con mis padres, es que escribiría un post sobre el hecho de hacer la compra, y lo mejor de todo, que no sabría cuándo parar.

Viva cumplir años, viva hacer la compra, y vivan esas pequeñas cosas que nos hacen felices, como descubrir en la sección de galletas, unas con doble chocolate.

Lola Loves

¿Qué estoy haciendo?

Bueno, bueno, bueno… este es un tema bastante delicado…

Postparto.


Uhm… mucha gente evita hablar de ello, o lo toca de manera muy superficial, por vergüenza o falta de apoyo a su alrededor.

En mi opinión, lo primero que haría, sería cambiarle el nombre, yo no lo llamaría “postparto”, lo llamaría… ̈Locura ̈, ̈Nueva Era“, “Joder, no sé qué estoy haciendo ̈ o ̈La eterna duda de si soy suficientemente buena para esto ̈

Te haces a la idea, ¿verdad?


Sí, todos sabemos que ser mamá es una experiencia increíble. Adoro a mis hijos y todos los buenos y malos momentos que vienen con la maternidad. Todos hemos sido bebés en su momento y el ser humano ha sobrevivido durante muchísimo tiempo, incluso teniendo 10 hijos en algunas familias. Pero madre mía, no sabes de lo que se trata hasta que tienes a los tuyos propios.


Recuerdo que cuando estaba embarazada del primero, fui a los cursos de ̈preparación al parto ̈ y a alguno más. Me sentía súper feliz, emocionada y motivada y sentía que estaba más preparada después de haber asistido que nunca antes. Pero cuando el momento llegó, no lo estaba… ¡ni un poco!

Puede que no fuera así, puede que sí que estuviera preparada, pero no sabía por dónde empezar, o cómo empezar. ̈¿Por qué está llorando? ̈, “¿tendrá hambre? ̈, “¿cómo le baño? ̈, “¿no hace mucho calor para ese pijama? ̈, “¿estará esa leche suficientemente caliente? ̈, “¿o excesivamente muy fría?”


Mil preguntas, para las cuales no tienes un manual al que acudir.
Como comenté en uno de mis post anteriores, tuve algún que otro problema dando el pecho, pero a esto hay que añadirle que sufrí de un estreñimiento enorme y que mis músculos dorsales izquierdos dolían a más no poder (debido al esfuerzo que hice empujando para dar a luz) y para lo cual únicamente podía tomar paracetamol. ¡GENIAL!


Así que nada que ver con las pelis y sus imágenes de ensueño, ni con esas famosas que salen impecables e impresionantes a las fotos en la puerta de los hospitales.


Algunos pensarán que es quejarse por quejarse, pero me da igual. La época tras haber dado a luz a un bebé es una fiesta de hormonas en tu cuerpo.
Y sí, hay días en los que te sientes como una mierda (a veces, muy a menudo), porque tu cuerpo no es el mismo, porque no duermes las horas suficientes, porque estás alimentando a una nueva personita de noche y de día, en mi caso, con el primero, cada dos horas, porque tienes dolores en lugares que no sabías ni que existían, porque te han cosido (sí, ahí abajo) y porque no te sientes apetecible sexualmente… ni un poco.
Pero aún con todo esto, ahí sigues, cuidando de ese pequeño ser, que no sabe comunicarse contigo de ninguna otra manera que no sea llorando.


Hay días en los que piensas, “no soy lo suficientemente buena“, o crees que te va a dar un patatús, porque, ¿qué clase de persona puede sobrevivir durmiendo tan pocas horas al día?

Pero deja que te diga… es verdad, tienes razón, ¡no eres suficiente!, ¡eres más que suficiente! Porque estás ahí para ese pequeño bebé, despertándote cada 2 horas (algunas de vosotras incluso cada menos), porque te estás sacando el pecho en público porque tu hij@ tiene hambre (aunque seas una de las personas más vergonzosas en la Tierra), porque siempre le antepones a ti, aunque ello signifique no poder ducharte en varios días, ponerte los mismos vaqueros durante un mes o comer cualquier cosa que haya en tu cocina, sí, incluso ese brócoli que tanto odias. Y porque simplemente, eres tú a quien necesita y con eso le vale.


Así que déjame que te repita… ¡eres MÁS que suficiente!


Por ello, no te preocupes, no pienses que estás sola en esto, todavía no conozco a ninguna mamá que no me haya contado la misma historia (tú historia, mi historia, nuestra historia) y si alguien te dice alguna vez, que el postparto es algo fácil y sin complicaciones, es una GRAN MENTIRA.


Pero también tengo que decir, que todo mejora, empiezas a conocer a tu bebé, y él también a ti, se adapta a este nuevo mundo y poco a poco se va convirtiendo en una pequeña personita, más autónoma y comunicativa, empezando a sonreír, a diferenciar cuando tiene hambre, sueño, o simplemente necesita que le prestes un poquito de atención.

Así que si estás teniendo un día en el que te sientes algo ̈plof ̈, lávate la cara con agua fría, píntate los labios de rojo, hazte una tostada con Nutella y oblígate a sonreír, mañana será un nuevo día y seguro que uno estupendo.


Para todas las mamás en todo el mundo, SOIS MUCHO MÁS QUE SUFICIENTE

Lola Loves

Decisiones

Haciendo limpieza en los archivos de mi ordenador, me he cruzado con algunos de los posts que escribí cuando cree mi blog de mommy4real, hace ya unos 6 años. Muchos de esos textos están claramente relacionados con mi situación reciente, y he pensado que sería genial compartirlos de nuevo.

Y así es como comienzo, con un post que habla sobre dar el pecho y ese sentimiento maternal de no saber si estás o no haciendo lo correcto o de si lo que haces es suficiente.

Antes de tener a mi hijo mayor, siempre pensé que darle leche en polvo no sería una opción.

Todo el mundo solía decirme que dar el pecho era la mejor decisión, la más sana y además, la más barata, y si somos honestos, en las películas parece tan bonito y tan fácil, que era impensable no conseguirlo.

Pues bien, tras dar a luz a mi niño, lo intenté enormemente. Digo lo intenté, porque nunca llegué a conseguirlo.

Nunca nadie me había dicho que podía llegar un punto en el que los pezones te sangraran, en el que tuvieras mastitis hasta marearte, pudiendo caer redonda del dolor o se te tensara el cuerpo entero al saber que se acercaba el momento de amamantar. Y así me pasó.

Lo intenté con todas mis ganas durante unas semanas, quería conseguir esa conexión tan bonita con mi niño, pero no podía, no estaba hecho para mi, ni para en aquel momento, mi pequeño. El bebé no conseguía la leche suficiente y por ende, lloraba como un loco por las noches. Además, durante el día se despertaba muy a menudo, siempre inquieto porque nunca parecía estar satisfecho.

Después de varias semanas intentándolo, y llorando cada vez que se acercaba la hora de dar de mamar, decidí que era hora de comprar un sacaleches (porque obviamente, la leche en polvo seguía sin ser una opción dentro de las posibilidades… y es que, ¿cómo iba a darle esa leche a mi hijo pudiendo darle lo que mi cuerpo, naturalmente estaba generando?, ¿Qué clase de mala madre iba a ser?)

Así, compré uno.

Al principio, mi bebé comía cada 2 horas, lo que significaba que tenía que sacarme la leche durante unos 30 minutos, darle de comer durante otros 30, cambiarle el pañal y ponerle a dormir. Al final todo eso me llevaba 2 horas en total.

Por lo que, si haces las cuentas… comía cada 2 horas y a mí todo me llevaba 2 horas… Básicamente, era demasiado tiempo, lo que me dejaba sin tiempo para poder comer yo, para darme una ducha, para limpiar, o simplemente, para sentarme a relajarme.

En un principio, y por cabezonería, lo pude sobrellevar, pero en cuanto ese subidón de la motivación bajó y la falta de horas de sueño y malcomer hicieron mella, tuve que plantearme otra solución.

Todas las matronas que venían a casa a chequear que el bebé estuviera bien, me preguntaban si iba a volver a dar el pecho y me invitaban a seguir intentándolo.

Pero en mi caso, no parecía una opción factible.

Tras ir al médico para revisar que mi recuperación del parto iba bien, y llorar en la consulta de impotencia, me recomendó que me tomara una pastilla para dejar de producir leche.

La compré y pensé ¨Voy a esperar todo lo que pueda antes de rendirme y abandonar la opción de sacarme leche¨

Esa tarde le di muchas vueltas a todos los pros y y a todos los contras, y tras hablarlo con la almohada aquella noche, al día siguiente tomé la gran decisión.

Me tomé la pastilla y le di a mi bebé leche en polvo por primera vez. La sensación fue horrible, pensé que era la peor madre del mundo y que no estaba haciendo lo necesario por el bien de mi hijo, por su salud… y que si se ponía malito, sería mi culpa.

Al segundo día, la sensación seguía siendo mala, pero no tanto, y cada día iba mejorando, llegando a tal punto en el que me sentía genial conmigo misma y feliz por ver a mi peque satisfecho cada vez que comía.

Con esto no quiero decir que ninguna de las dos opciones sea la correcta, lo único que quiero, es compartir mi experiencia y gritarle al mundo, que da igual lo que otras madres estén haciendo, tú tienes y debes hacer lo que mejor te funcione a ti y a tú bebé. Estar bien tú para poder cuidar de tu pequeño, es esencial, tanto dando el pecho, como biberones de fórmula.

Más tarde empecé a hablar con otra gente, con otras mamás. Algunas habían dado el pecho 6 meses, otras 12 y algunas ni 1 día, y me di cuenta que yo era la mejor madre que podía ser. Le estaba dando a mi hijo la mejor opción para los dos. La mejor opción para él, porque tenía suficiente alimento cada vez que lo necesitaba, y la mejor opción para mí, porque en mi caso, dar el pecho me estaba destrozando y haciéndome infeliz, por lo que la leche en polvo era el mejor camino a tomar para estar sana mentalmente y disfrutar de mi pequeño hombrecito.

Hace casi 3 meses tuve mellizos y la misma sensación pasó por mi mente y recorrió mi cuerpo.

Intenté darles el pecho y no lo conseguí, incluso con ayuda de alguna matrona y viendo vídeos.

Así que volví a la segunda opción: el sacaleches. En este caso, era más complicado que en la primera ocasión, pues siendo dos bebés, necesitaba más tiempo y necesitaba producir más.

Admito que esta vez, no he podido aguantar mucho, ni mental, ni físicamente.

Mi marido, que es mi gran apoyo incondicional, fue el primero en pensar en mi, sabiendo con certeza, que con la situación que teníamos, la solución más factible y beneficiosa para todos, era la leche de fórmula.

Por ello, en su momento, hace 6 años, quise escribir este post, y por eso, hoy, me ha parecido buen momento para compartirlo de nuevo, porque quería decirle a todas esas futuras mamás, que no se preocupen.

Lo vais a hacer genial y encontraréis el camino correcto para vosotras y vuestr@ pequeñ@.

Simplemente no olvidéis, que cada bebé es diferente y también lo es cada madre.

Lola Loves

Juntos

El hijo mayor en el cole, los bebés en el carro (parece que el sueño es más profundo cuando estamos fuera de casa, donde papá y mamá no pueden echarse a dormir también)
.
Aprovechamos para tomar un café, entre movimiento y movimiento dentro de esos capazos sobre ruedas que nos hacen desviarnos de nuestra conversación adulta.
.
Sin duda, una gran aventura es tener un bebé, pero cuando llegan dos de golpe, añadido a uno algo mayor, es la gran aventura de nuestras vidas.
.
Ayer para celebrarlo, conseguimos ver una peli entera por la noche, sin tener que ir 1827363 veces a meter chupetes o calmar llantos y encima…con copa de vino.
.
Viva la vida!
Disfrutando cada segundo, incluso de esas noches sin dormir y pelos sin peinar.
.
Bendita vida!
Que nos regala esta familia de 5, en la que cada uno de nosotros es único, pero siempre unidos frente a cualquier adversidad, en una misma dirección.
.
Siempre juntos!❤️❤️❤️

Lola Loves

Conectados

El otro día me entraron unas ganas inmensas de ponerme a escribir de nuevo. Tenía algunos temas en mente, pero esta vez, quería algo diferente, un nuevo reto en el que me propusieran escribir, dándome, únicamente, los ingredientes del post, convirtiendo el potencial texto, en un Masterchef de escritura.

Por ello, le pedí a una persona muy especial en mi vida, que me sugiriese un tema, el primero que le pasase por la cabeza, desde una historia de amor, pasando por un asesinato, hasta llegar a un artículo sobre un asunto de actualidad.

No hubo duda alguna en su sugerencia.

Así, hoy me veo plasmando en esta hoja en blanco, con letras inundadas de ganas y llenas de emoción, un tema que me parece increíblemente interesante.

Y es que, quién todavía crea que todo lo que pasa por nuestra cabeza o nuestro corazón, no se ve reflejado en nuestro cuerpo, es que está loco… y de remate.

Sin duda, cuando somos jóvenes no solemos darnos cuenta de estas cosas. Solemos ser más superficiales, pensando en vivir únicamente el momento presente, preocupándonos, básica y exclusivamente, en cómo nos verán a primera vista.

Pasan los años, vivimos experiencias nuevas, y empezamos a ser conscientes de que lo que se ve de nosotros es simplemente la punta del iceberg, y que bajo el agua, se sumerge un mundo de emociones y sensaciones, que influyen en la consistencia de ese hielo.

Poco a poco, empezamos a comprender, que sentirnos bien, hace que nos veamos mejor, pero no solo frente a otros, que es secundario, sino frente a nosotros mismos. Porque sí, empezamos a entender, que lo importante es gustarse a uno mismo primero, de dentro hacia fuera.

Todo este cúmulo de pensamientos y vivencias, afectan a nuestro cuerpo. Muchos somos los que tenemos amigos o conocemos algún caso de alguien que ha estado muy enfermo y por el que no había mucha esperanza, y que ha salido de un infierno con y/o por una actitud increíblemente positiva.

Seguramente también sepamos de alguien cercano, que como muy fácilmente se dice, haya muerto de pena al perder al amor de su vida, entendiendo con ello, el poder de un pensamiento y la importancia que puede tener una idea, o una emoción tan sencilla como la tristeza.

Y es que, comemos sano y equilibrado y vamos al gimnasio para cuidar nuestro cuerpo, para vernos bien, pero normalmente no invertimos ni la mitad de nuestro tiempo en analizar lo qué realmente nos haría llegar más cerca de una plenitud entre cuerpo y alma, pues creemos que lo que no se ve, no se puede trabajar de primeras.

También conocemos casos de personas que han pasado mucho estrés durante un período determinado, aguantando el chaparrón, sin enfermar un solo día y que en el momento en el que se relajaron, su cuerpo se permitió el lujo de ponerse malo.

Ahora, pongamos en pausa nuestras tan ajetreadas vidas, siempre tan llenas de planes que se solapan. Analicemos esa última quedada con esa amiga que es algo tóxica, con esa pareja que no nos hace su prioridad ni nos valora, con ese trabajo que nos tiene amargados o con esa decisión que no nos atrevemos a tomar.

Porque todas esas pequeñas cosas que afectan en nuestro día a día, en nuestras cabezas, hacen que momentos después terminemos tomando una decisión u otra.

Una relación tóxica, seguramente nos deje mal sabor de boca y terminemos sin ganas de ir al gimnasio, quedándonos en casa tirados en el sofá, revisando las RRSS que poco nos aportan y que dañan nuestro interior pues nos crean una falsa realidad; una pareja controladora puede hacernos sentir inseguras y coartadas, conllevando a no cuidarnos porque no somos lo suficiente y de nada sirve ese esfuerzo; un trabajo que nos amarga, terminará siendo algo más en el día que justifique el porqué nos comimos ese menú basura que nos hizo sentir mejor momentáneamente; y esa decisión que no nos atrevemos a tomar, puede crearnos ansiedad, que si es considerable, puede provocarnos un problema de salud importante.

Por ello, está claro que no solo es necesario cuidar lo que se ve a simple vista, pues al final, todos tenemos conocimientos mínimos para hacerlo, sino que debemos cuidar también lo que llevamos dentro, pues todo esta conectado.

Todos hemos tenido asignaturas en el colegio que nos enseñaban a practicar deporte, pero me arriesgaría a decir, que no somos la mayoría los que han tenido el lujo de disfrutar de lecciones relacionadas a quererse uno mismo, a saber valorar lo que nos da la vida y a sacarle partido a cómo somos.

Para poder tener ese cuerpo atlético, todos sabemos que debemos hacer mucho ejercicio, comer equilibrado y beber agua, pero nunca nos veremos bien frente a un espejo, nunca sentiremos que es suficiente, si no hemos invertido tiempo en nuestra cabeza, en nuestro interior, y muchísimo menos, si no lo cuidamos a diario.

Muchos adultos tienen miedo a dar el paso de ir al psicólogo, por el qué dirán, por considerar que esa acción les apunta con el dedo, diagnosicándoles la locura. Pero en ocasiones, es probable que un profesional nos abra los ojos y nos enseñe la clave para cambiar el chip a un camino positivo y enriquecedor.

En mi experiencia personal, aprendo cada día más de uno de mis hijos, que está en edad escolar. Es increíble, como siendo tan pequeño valora mucho más ese interior de las personas que los propios adultos. Y es que, no ha habido ningún momento desde que va al colegio, en el que haya hecho crítica sobre el físico de sus compañeros, sin embargo, ha dejado claro en varias ocasiones, que valora a sus amigos por cómo son en el día a día. Valora que sean buenos, que compartan, que escuchen, que sean alegres e intenta apoyar a los que aprenden con más dificultad.

No voy a alargarme más en mi vuelta al papel y tinta o en mi caso, en mi vuelta a la pantalla y el teclado, pero sin duda, creo que todos conseguiríamos ser un poquito más felices si trabajásemos nuestro yo exterior y nuestro yo interior, a la par, de la mano, conectados.

Lola Loves

Papá

Hoy estaba escuchando música y me has venido a la cabeza. Estaba escuchando una canción que decía algo así como ¨eres la calma dentro de mi tempestad¨ y admito que, si no fuera por ti, más de una vez me habría hundido con el barco incluido en alguna de mis tempestades.

Hoy te quiero dar las gracias, a ti, sí, a ti, aunque me cueste admitir que hay ocasiones en las que tienes la razón (aunque no siempre jejeje).

Hace unos días estuvimos hablando mientras disfrutábamos del domingo en una terraza, y es una realidad que desde que tengo uso de razón, he podido ver como has ido modificando algunas cositas de tu forma de ser… Si tuviera que definirte, usaría palabras como, minucioso, hogareño, comprensivo, cariñoso, paciente, tierno, hablador, rebelde, consejero…

Quiero darte las gracias porque, aunque era inevitable que en ocasiones tropezara y cayera al suelo, me has enseñado a levantarme; me has enseñado a saber, que el camino no acaba cuando te cruzas con una piedra, sino que tiene un largo recorrido. Me has enseñado que, aunque lo fácil sería hacerlo en coche, es mucho mejor hacerlo andando, pues puedes disfrutar de las vistas que te rodean y aprender con cada uno de los pasos dados.

Sé que me quedan muchas piedras con las que tropezar, muchos caminos que recorrer, muchos coches que querrán intentar adelantarme por la derecha, y muchas distracciones que me incitarán a desviarme del mismo, pero sé que me has preparado para todo lo que venga y me siento capacitada para cualquier cosa.

Te quiero dar las gracias, por aquellas tardes explicándome matemáticas, incluso cuando yo no quería aprenderlas; te doy las gracias, por enseñarme que la actitud es algo sumamente importante; te doy las gracias por hacerme entrar en razón cuando yo subía como la espuma en mis enfados irracionales; te doy las gracias porque sin ti, no estaría dónde hoy me encuentro, sin ti, no sería como soy hoy día.

Gracias por quererme, incluso cuando yo no me quería, por darle razón a mis momentos irracionales.

Gracias por aquella chirimoya, por aquel pescado para desayunar y por la cinta de Marisol, gracias por aquel partido del Madrid-Rayo, por aquella cena en un mexicano de la castellana, pero sobre todo, gracias por obligarme a pensar, gracias por ser mi backup, por apoyarme y por quererme con todos mis defectos.

Gracias papá, te quiero.

Lola Loves

Mamá

Mamá,

¿Qué tal?, ¿cómo estás?, ¿eres feliz?, ¿te gusta tu vida?, ¿qué te falta?, ¿cambiarías algo?
Tantas cosas que me gustaría saber de ti y que todavía no conozco.
Solo espero ser una razón por la cual sonrías cada día, una razón por la cual tengas ganas de vivir.

Yo estoy bien, y entre otras cosas es gracias a ti.

Quería escribirte este pequeño texto, simplemente para decirte lo mucho que te quiero, lo mucho que me aportas y lo mucho que me haces falta, y sinceramente, que lo sepa el mundo entero. De principio a fin.

Según escribo, noto como mis ojos se encharcan, pero son lágrimas de amor, de ternura, de alegría por tenerte en mi vida, porque no te elegí, pero no te cambiaría por nada. Porque sé que hay veces que te hablo como no debo, que tengo un pronto que es bastante peculiar y que te regaño cuando intento hacerte cambiar porque quiero que seas feliz y que veas el mundo como yo lo veo.

Por eso, por eso quiero decirte que, gracias a ti, he podido impulsarme con fuerza para salir a la superficie en momentos en los que sentía que el agua me asfixiaba; por eso quiero decirte que, gracias a ti, he sido capaz de tomar decisiones que, aunque no fueran fáciles de primeras, serían beneficiosas para mi a largo plazo; por eso quiero decirte que, gracias a ti, he conseguido ser la persona que soy hoy.
Por eso quiero decirte, de corazón, GRACIAS.

Gracias por regañarme cuando tenías que ser dura conmigo y quitarme todas esas tonterías de la cabeza, que no hacían más que ocupar lugar, y por darme un cálido abrazo cuando simplemente necesitaba comprensión y amor sosteniéndome.

Gracias por ser comprensiva, por tener buen corazón, por darme el impulso necesario, por ser cabezota en ocasiones y alocada en otras. Simplemente, tienes esa forma de ser, que cualquiera agradece y que todo el mundo quiere tener cerca. Y yo, yo soy una gran afortunada.

Te quiero mami, de manera infinita, ilimitada, para siempre, para todo.

Lola Loves

Hoy

Hoy voy q escribir un post, relacionado con la situación mundial actual… hoy tengo mucha pena…

Una amiga cercana ha perdido un familiar en la batalla contra el Covid-19. Un familiar al que yo conocía, buena persona, agradable, simpático, trabajador, dedicado e implicado con los suyos… y admito, me ha dejado desolada.

No sé cuándo terminará el confinamiento, no sé cuándo acabará una situación, de la que nos va a costar levantar cabeza… hay personas que todavía no son conscientes, pero muchos están perdiendo familiares por el camino, otros, perdiendo sus trabajos… lo que ayer era estabilidad y planes futuros, hoy se cambia por incertidumbre y llorar a solas.

Solo espero, que los que seguimos siendo afortunados, los que seguimos teniendo Salud, los que seguimos teniendo a todos nuestros amigos, a todos nuestros familiares, los que seguimos teniendo trabajo, seamos agradecidos, seamos comprensivos con el que tenemos al lado y que no ha tenido tanta suerte.

Ojalá podamos sacar algo bueno de todo esto, ojalá nos volvamos más humanos, más solidarios, más tolerantes.

La naturaleza nos da oportunidades continuamente, y aun así, hay personas que miran hacia otro lado, que siguen con rencillas sin sentido que solo llevan a callejones sin salida.

Por favor, aprender a querer a los demás, a entender sus defectos, a ayudarles a mejorar.

Por favor, aprender a disfrutar de lo que tenéis, dejad de pensar en que mañana será mejor y aprender a ser felices con lo que os brinda el “hoy”, el “ahora”

Ojalá mañana, cuando todos volvamos a ser libres, sin temores, ojalá nos abracemos más fuerte, nos queramos más intensamente, nos hagamos más felices y nos volvamos más humanos.

Lola Loves

Love Lola´s blog

Enjoy the reading

Skip to content ↓