Y tú, ¿de qué eres?

Yo lo tengo claro..

Me encanta la vida llena de campo, de naturaleza, las montañas; me encanta respirar olor a verde, sentir la arena entre los dedos de los pies, el sonido de las olas o la brisa en mi cara.

He de admitir, que siempre he preferido la montaña, pero desde un tiempo atrás, tengo muy presente la opción playa (creo que algo tiene que ver mi maridito gaditano, que me ha contagiado el amor a la playa, bueno, y la adicción a las galletas).


Pero si algo he tenido siempre seguro, es que nunca habría escogido la ciudad para vivir.

Considero, que en general, en cada momento en la vida, hay una predilección por una u otra forma de vivir, pero puedo decir alto y claro, que yo siempre he tenido la misma:

Na-tu-ra-le-za.

Es cierto que la ciudad tiene cosas muy buenas, y es que allí, lo tienes todo a mano: puedes salir de casa e ir andando a cualquier restaurante, al cine, a las tiendas, si te sientes solo puedes pasear por la calle y ver gente por todas partes y puedes ir a hacer la compra a cualquier superficie; en el campo/pueblo, todo eso es algo diferente: sueles tener restaurantes a mano, pero normalmente no son los que ¨están de moda¨, para ir al cine o a las típicas tiendas, deberás ir en coche, si lo tienes, o hacer uso del transporte público, el cuál, si vives en un pueblecito con pocos habitantes, puede que tenga pocas opciones de conexión y por ende, poca opción a la improvisación en el día a día.

Pero vivir ¨algo aislado¨, tiene también sus partes buenas (o muy buenas, según mi punto de vista): me encanta la tranquilidad de mi casa y sus alrededores, el sonido de los pajaritos cuando me levanto, poder salir a la calle y ver a los niños correr sin peligro de coches, los atardeceres posándose sobre las montañas; me hace feliz el olor a oveja, y me llena de vida el de césped recién cortado. Y además, cuando quiero jaleo, me subo al coche y me acerco a las zonas de bullicio, a la gran ciudad.

Y si todo eso fuera poco, añado los pros de tener la playa cerca, como lo son el caminar descalzo por la orilla del mar, la sal en la piel y ese morenito tan especial que con ese sol, tan diferente al de las ciudades, se te posa en todas partes; el puerto y su pescadito frito, y la calma que rebosan las personas cuando viven cerca del agua.

Sin duda, puede ser porque mi ciudad, Madrid, es algo eufórica y veloz; y aunque me encantan su grandes avenidas, las luces de Navidad y sus rincones más especiales, me quedo con los paseos por caminos sin asfaltar donde se cruzan, sin vergüenza alguna, los conejos al pasear.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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