En este post, me encantaría sumergirme en el apasionante mundo de los festivales y compartir contigo mi experiencia personal. Desde la emoción de la música en vivo hasta la conexión con una comunidad vibrante, los festivales ofrecen una experiencia única que deja recuerdos duraderos.

¿Me acompañas mientras te descubro la magia que se encuentra detrás de los festivales y cómo han influido en mi vida?
Hasta el año pasado, nunca en mi vida había asistido a un festival, pero cuando tuve la oportunidad, aluciné en colores.
¿Por qué lo digo?
Lo primero de todo, y si alguna vez has ido a un concierto, lo sabrás, es que no es lo mismo escuchar a tu artista favorito en tu móvil en comparación con verlo en directo. La emoción de la música en vivo es inigualable y crea una atmósfera única.
Desde mi primera vez, hasta la última, he podido presenciar cómo las personas que asisten a cada uno de los festivales conectan a un nivel emocional inigualable con sus artistas favoritos y cómo descubren nuevas propuestas de una manera impactante e inesperada, porque la verdad es, que en esa situación, estás receptivo, es decir, ya estás allí y si tienes un rato entre dos de tus artistas preferidos, vas a ver a un tercero, que casi no conocías y que de pronto, te pone la piel de gallina.

Además, cuando asistes a un festival, sales de la rutina diaria. Los recintos, que surgen de la nada, se convierten en espacios de liberación y ofrecen una oportunidad para escapar de la vida cotidiana, sumergiéndote en un ambiente festivo y de celebración.
En mi experiencia, es increíble como puedes dejarte llevar completamente y disfrutar cada momento sin preocupaciones y sin que nadie te juzgue. A lo que debemos sumarle, que es al aire libre y no encerrado en un local. Cosa que me encanta.
Pero lo que más me impresionó, fue la comunidad festivalera. Conozco a varias personas que son fieles a ciertos festivales y quedé sorprendida por la complicidad y amistad que les une.
La importancia de la comunidad en los festivales es destacable, ya que las personas conectan a través de intereses comunes, comparten experiencias y crean conexiones significativas. Fue inspirador presenciar cómo la música y el amor por los festivales pueden unir a personas de diferentes orígenes, ideologías y edades, en un solo lugar. Y sin problemas.

Otro aspecto que me fascina de los festivales, es la moda. Es una oportunidad para expresarte de una manera única y creativa. A lo largo de estos dos años, en los que he asistido a algunos de estos eventos, he intentado estar a la altura, pero he podido descubrir que no es tan fácil como parece. La creatividad y el estilo único que se muestra en la vestimenta festivalera son realmente sorprendentes. Es como si hubiera un mundo aparte en términos de moda, donde las reglas convencionales se desvanecen y se permite la experimentación.
Además, los festivales de hoy en día no se limitan solo a los artistas en el escenario. También ofrecen una amplia variedad de experiencias, como opciones de comida, con foodtrucks, bebida, patrocinadores con miles de actividades, oportunidades para tomar fotos, juegos y diversión asegurada.
Es increíble cómo los festivales se han convertido en eventos multidimensionales que ofrecen entretenimiento en todas las áreas. A diferencia de un concierto, que vas y ves a tu cantante o grupo y te vuelves a casa, aquí puedes disfrutar de mil y otras cosas más que hacer, mientras pasas un rato con tus amigos.

El otro día, hablando en alto con mi marido, que es quién me ha metido en este mundo, estamos convencidos que nuestra generación, incluso con muchos más años, seguirá asistiendo a este tipo de eventos, que parece que, año a año, lideran más los meses de verano (ojalá que también los de invierno, pronto).
Pero lo que más me alucina, es la actitud de todos los asistentes, todos con sus artistas favoritos y sus estilos únicos, pero sin conflictos ni malos rollos, todos están allí para disfrutar, sonriendo y cantando al unísono.
De hecho, mi madre me preguntaba:
¿Pero nunca ha habido ninguna pelea?
Y la realidad es, que toda la gente tiene tantas ganas de disfrutar, que más que con un puñetazo, te puedes ir de allí, con un puñado de amigos más.
En fin, ya sea a través de la música, la moda o la comunidad, los festivales dejan una huella duradera en las vidas de las personas que asisten a ellos, en su caso, en mí.
Cada experiencia vivida crea recuerdos inolvidables y conexiones significativas que perduran mucho después de que los escenarios se desmonten.

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