Lo recuerdo a la perfección.
Ese día hacía calor, mucho calor. Yo llevaba puesto el típico pijama que parece un chándal de manga corta, un moño que era más un nido de un pájaro que pelo humano, y las gafas de ver, porque estoy medio cegata.
El bloque dónde pasábamos las vacaciones tenía 3 ascensores, y cuando no estaban en uso, siempre los podías encontrar en la planta baja, con sus puertas bien abiertas.
Es como si estuvieran esperando a alguien.
Yo había bajado a la calle. Mi novio estaba en doble fila, ya que teníamos que meter varias cosas en el coche porque nos volvíamos al siguiente día a primera hora. Así que mientras él vigilaba que nadie tuviese que pasar por la estrecha calle, yo bajé las 4 cosas que nos hacían falta.
Una vez subido todo al coche, él se dispuso a aparcarlo en una zona sin limitación de tiempo, y yo me subí a casa.
Era un primero, por lo que subir por las escaleras no suponía gran esfuerzo.
Cuando pasé por aquellas puertas abiertas de los ascensores, y como acto reflejo, me miré en el espejo del primer ascensor.
Vaya pintas, pensé.
A continuación, me miré en el segundo.
¿Qué creías, que mejoraría la cosa en este otro ascensor?, me dije a mi misma.
Y seguí mirando, mientras aparecía mi imagen en el tercero.
Todavía se me pone la piel de gallina al pensar en lo que vi, como si lo estuviera viendo ahora mismo.
Allí estaba yo, pero había alguien más en aquel reflejo. Una imagen oscura, siniestra.
Me quedé paralizada, inmóvil por el shock. Y poco a poco, aquel ente, subió su mano para ponerla sobre mi hombro.
De inmediato noté el frío y sin pensarlo dos veces, me giré para quitarme de encima lo que fuese aquello.
Nada.
No había nada detrás de mí.
Volví a mirar al espejo.
Nada. Sólo yo, con mis pintas.
Bastante asustada, me dirijí hacía la escalera, porque como puedes imaginar, no tenía muchas ganas de subir por el ascensor.
Corrí tan rápido como me dejaron las chanclas y cerré la puerta de un portazo tras de mí.
Respirando agitadísima y sabiendo que mi novio tardaría todavía un rato, decidí meterme en la ducha para intentar despejarme, calmarme y borrar esa imagen de mi cabeza.
Son todo imaginaciones tuyas. Me decía intentando autoconvencerme.
Puse el agua a correr, siempre me han gustado las duchas ardiendo. Me quité la ropa y me metí bajo el chorro.
¡Así, sí! Pensé.
Después de unos minutos, más largos que cortos, decidí apagar el grifo, pues empezaba a sentirme mal con el medio ambiente.
Puse un pie sobre el suelo, que noté extremadamente frío. Y después el otro.
Me enrollé la toalla alrededor del cuerpo y me dispuse a limpiar el vaho del espejo.
Al levantar la mirada e ir a pasar la mano para poder verme, el calor de mi piel se esfumó y volví a sentirme congelada como el hielo.
La misma imagen estaba detrás de mi, poniendo sus dos manos sobre mis hombros, para asegurarse de que esta vez, no me escapase.
Lola Loves
Discover more from Love Lola´s blog
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
Empecé a seguir su blog. Espero que también sigas el mío y así crecemos juntos 💯 Por favor contestar
LikeLike