La musa de los almacenes

En medio de un frío y lluvioso día de invierno, Roberto, un apasionado escritor, decidió visitar unos grandes almacenes de muebles para buscar inspiración para su próxima novela. Siempre hacía lo mismo, diseñaba la idea principal en su cabeza y luego se paseaba por los lugares que serían el centro de su historia, para así poder narrarla con total precisión y detalle. Le encantaba meterse en el papel de los personajes para hacer sentir al lector cada palabra en su propia piel.

Al entrar en aquel inmenso laberinto de madera y decoraciones, el bullicio de la gente y las luces brillantes llenaban el lugar, mientras él se sumergía en el espíritu festivo, debido a que las navidades estaban a la vuelta de la esquina.

Mientras paseaba por los pasillos, atento a cada persona, a cada gesto, sus ojos se encontraron con el reflejo de una hermosa mujer de pelo oscuro y ojos verdes que se miraba en un espejo de cuerpo entero atornillado a la pared.

Con el corazón acelerado, Roberto buscó su mirada para enviarle una tímida sonrisa y prosiguió en su aventura, en busca de más detalles para su novela.
Aunque sin lugar a duda, ya había encontrado a su protagonista.

Cuando llegó a la zona de las cocinas, volvió a cruzarse con ella, y lo mismo hicieron sus miradas.
Esta vez, mientras caminaban, pasaron uno al lado del otro, sin dejar de mirarse y rozando sus brazos de manera casual, pero intensa.

Ambos sonrieron.

Roberto estaba buscando inspiración, y todo apuntaba a que se iba a marchar de allí con la novela escrita.

De nuevo, se perdieron entre la gente, pensando que no habría más casualidades fortuitas. Pero el destino les volvió a sorprender, encontrándose, esta vez, en la sección de los baños y duchas.

            ¨A la tercera va la vencida¨ Pensó Roberto.

Se acercó a ella por su derecha y le dijo nervioso, pero intentando sonar seguro:

             ¨ ¿Buscando algo en particular? ¨

Ella levantó la mirada, con una sonrisa de satisfacción, como si hubiese estado deseando que llegase ese momento, que por fin estaba disfrutando.

Se giró, y con sus grandes y brillantes ojos clavados en los de Roberto, le contestó:

¨La verdad es que sí. Me acabo de mudar a la ciudad y necesito amueblar mi dormitorio y el baño, al completo. ¿Crees que podrías ayudarme?

Tras unos segundos de silencio, prosiguió.

Te aviso que tengo gustos bastante peculiares.

A Roberto le entró un calor repentino por el cuerpo, que sentía le salía por las mejillas.

            ¨Por cierto, me llamo Olivia¨ Añadió ella.

¨Olivia, encantado. Yo me llamo Roberto. Claro, si me dejas, prometo mantener la mente abierta para poder ayudarte a encontrar todo lo que necesitas. ¿Aceptas? ¨

Olivia soltó una risa nerviosa y aceptó sin dudarlo.

Juntos, caminando entre todas las opciones disponibles, iban rozándose disimuladamente: accidentalmente un brazo junto al otro, una mano coincidiendo con la otra al ir a coger un producto… Las intenciones estaban claras y el deseo, más que presente.

Después de un rato, encontraron un baño que parecía ideal según sus indicaciones. Tenía las paredes algo más oscuras que el resto y una luz tenue, y fue ahí, cuando sus miradas se volvieron a cruzar, esta vez, llenas de pasión.

            ¨Olivia, creo que este baño sería perfecto para ti¨

Dijo Roberto, sin apartar la mirada, notando esa conexión, que cada vez se hacía más intensa.

¨Tiene la luz perfecta para tener un momento tranquilo, de desconexión, pero a la vez, te deja ver lo suficiente, para que no pierdas detalle de lo que estés haciendo. La ducha parece impecable, es amplia, con suficiente espacio para dos personas; y la mampara es fija, para que no te caigas si te apoyas en ella. ¿Te gusta lo que ves? ¨

Después de una risa nerviosa y un resoplido, dejando escapar todo el aire que Olivia tenía dentro de sí, se acercó lentamente a Roberto y le susurró al oído.

¨Sí, me gusta lo que veo… Pero creo que debería asegurar que el tamaño de la ducha es cómo dices. Creo que sería lo más prudente antes de comprar nada, ¿no crees?
¿Te importaría meterte conmigo? ¨

Sin pensar en nada ni nadie más, pero con el nerviosismo de estar rodeados de multitud de gente, se metieron en la ducha para comprobar que entraban los dos a la perfección.

Olivia, que había decidido dejarse llevar por la situación, se desprendió del abrigo, las botas y el bolso, y comenzó a fingir que se enjabonada el cuerpo con la esponja que había de exposición. Simulando que ponía jabón sobre la misma, empezó a pasarla por sus brazos, desde la mano hasta el hombro.
Lentamente.

Roberto estaba nervioso, pero permanecía inmóvil ante ella, expectante.

Mientras, Olivia continuaba, pasando la esponja de su hombro a su cuello, cerrando los ojos, disfrutando de ese momento en su totalidad. Bajando la esponja, bajó también su mirada, volviendo a los ojos de Roberto, mientras seguía enjabonándose el resto del cuerpo, con delicadeza.

Tras recorrerlo entero, le miró y dijo:

            ¨Acércate, creo que también estás algo sucio¨

Roberto respondió con una sonrisa traviesa y se acercó a ella, hasta casi tener ambos labios rozándose, para susurrar:

            ¨Llevo dos días sin ducharme, asegúrate de que lo haces a conciencia¨

Ahora era Olivia la que desprendía fuego de su cuerpo, pero conteniéndolo en su interior, simuló que le enjabonaba la espalda, bajando hasta sus muslos.

¨Incluso con toda la ropa que lleva puesta, tiene un cuerpo más que deseable. ¨ Pensó ella.

Cuando terminó, le giró para proceder con la parte delantera de su cuerpo. Empezando por el cuello, se acercó a él, dejando a penas espacio entre ambos.

Los dos dejaban salir el aire de sus cuerpos sin control, notándose cada vez más agitados.
Olivia pasó por el pecho de Roberto, hasta llegar a su abdomen, y mirándole provocativamente, se desvió por su cadera hasta la pierna.

Roberto deseaba que esa esponja terminase el trabajo que ella había comenzado, pero Olivia no se lo iba a poner todo tan fácil.

Enjabonó el otro lado de su cadera y la otra pierna y le acercó una toalla.
Salió de la ducha cogiendo sus cosas, y liándose una toalla alrededor del cuerpo, se giró y le dijo con una sonrisa:

            ¨Tienes razón, lo que veo es perfecto para mí. Me lo llevo¨

Roberto no se lo creía, se le iba a salir el corazón del pecho de lo alterado que estaba. Pero antes de poder reaccionar, entró una pareja que andaba por la sección y le miraron con cara de sorpresa. Respondió con una sonrisa y fue detrás de Olivia.

            ¨Veamos si eres tan bueno con el dormitorio como lo has sido con el baño¨ Dijo ella.

Llegaron a la sección indicada. En silencio. Se podía apreciar la tensión que había entre ambos.
Había camas por todas partes, estanterías llenas de sábanas y las habitaciones te hacían sentir como si estuvieras dentro de un apartamento real.

Exploraron diferentes estilos, desde los más clásicos hasta los más modernos y con cada cama en la que se tumbaban, la atmósfera se volvía más eléctrica.
De repente, ella paró en seco al entrar en una habitación que simulaba la noche. Tenía un vinilo pintado con estrellas y la luna en la ventana, y luces de neón debajo de un par de cuadros que decoraban la pared.

            ¨Esta¨ Dijo sin dudarlo.

Se tumbó en la cama, que no era muy grande, pero dejaba hueco para los dos. Le miró y le invitó a tumbarse a su lado.
Rodeados de ese ambiente nocturno, la luna parecía brillar con luz propia, y esas luces de neón le daban un toque misterioso y encantador a aquella habitación.

Olivia se acercó a Roberto, mirándole con los ojos llenos de deseo.

¨Creo que después de todas las que hemos visto, también me quedo esta. Tiene todo lo que andaba buscando¨

Así, anotaron todas las indicaciones de los muebles para ir a por ellos al almacén, y Roberto sacó un carrito para poner todo encima y cargarlo hasta la caja.

Llegaron al primer pasillo, en el que tenían que recoger el cabecero de la cama. Pesaba bastante, por lo que Olivia se acercó para ayudar a Roberto, pasando la mano por su brazo que, al estar cargando todo aquel peso, estaba duro y tenso.

Sus miradas volvieron a cruzarse, pero esta vez, Roberto no pudo contenerse más. Subió en brazos a Olivia, apretando su cuerpo contra la estantería llena de muebles y le dio un beso apasionado. Un beso que ella no dudó en continuar, mientras tocaba la espalda de Roberto, que era robusta y fuerte.

Mientras sus manos cobraban personalidad propia e intentaban llegar a más rincones, dejando salir todo ese calor que habían almacenado en sus cuerpos, se acercó el guarda de seguridad, emitiendo el sonido de una tos que parecía bastante forzada.

¨Por favor, es necesario que abandonen los almacenes. Nos han indicado que están realizando comportamientos impropios, y bueno, está claro que así es. ¨

No pudieron evitar echar a reír a carcajadas…

En ese momento, Roberto volvió en sí mismo con el sonido de aquellas risas a su alrededor, y su mirada regresó al espejo en el que había descubierto a la chica que sería su protagonista, su musa. Y aunque nunca conocería a Olivia más allá de las letras que había creado, sabía que aquellos personajes y la pasión que les envolvía quedarían plasmados en su novela, para siempre.

Lola Loves


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Published by Lola Loves

Soy, simplemente una persona con ganas de contarle al mundo todas las historias que ocupan mi cabeza. Si reales o ficticias, eso te dejo que lo elijas TÚ

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